1_corrupcion_OW_ BeliceSanta Cruz, Distrito de Orange Walk, Belice.- Con total impunidad, mafias de contrabandistas beliceños mantienen sometidos a sus connacionales en la franja fronteriza del río Hondo, donde ejercen un violento control de la introducción de víveres adquiridos en México y, sin ningún miramiento, amenazan a los pobladores que señalan de estar con el partido opositor y les decomisan su mercancía, todo con la complicidad de los aduaneros o customs y la protección de altas autoridades del país centroamericano, quienes convierten este turbio negocio en moneda de canje para sostener el dominio político y económico del partido gobernante.
La franja fronteriza de los distritos de Orange Walk y Corozal, Belice, que colinda con la zona cañera de Quintana Roo a lo largo del río Hondo, es una tierra de nadie, un sitio donde no existen leyes, sino que lo único que impera es el violento control de las mafias de contrabandistas beliceños, delincuentes que al notar la presencia de los diarios POR ESTO! lanzan amenazas directas a los reporteros.
“Mucho cuidado, aquí no hay ley; del otro lado (México) sí la hay, pero aquí no, así que pónganse abusados y regresen por donde vinieron o les vamos a partir la madre, porque aquí no los queremos… vayan a tomar fotos a su país, están advertidos”, fueron las amenazas que lanzó hacia los reporteros de los diarios POR ESTO! un mal encarado hombre de baja estatura que es señalado por pobladores de Santa Cruz, Belice, y por gente de la comunidad de San Francisco Botes, en México, de ser parte de los contrabandistas beliceños que tienen sometida a su propia gente condicionándole el cruce a suelo mexicano y quitándole su mercancía a todo aquel que rompa las reglas que ellos han impuesto.
Estos mercaderes del hambre se aprovechan de la necesidad de los ciudadanos asentados a lo largo la zona fronteriza de Belice con México para lucrar, someter y mantener el poder económico y político a través de la miseria, la marginación y las carencias de cientos de familias beliceñas.
Santa Cruz, en el distrito beliceño de Orange Walk, es un poblado perdido en la inmensidad de la selva y el manglar, a orillas de un riachuelo que conecta con el río Hondo, que divide Quintana Roo y Belice, bien llamada la frontera olvidada, dada la proliferación de estas pandillas y mafias que dominan el lugar, quienes han aprovechado la impunidad de que gozan para hacer un negocio redondo de sus fechorías, pues también ejercen un violento control para ser los únicos que, en barcazas con motor, puedan transportar a los beliceños hacia el lado mexicano y regresarlos después a Belice cruzando el río Hondo, cobrando un dólar beliceño por cada persona que crucen, que equivale a unos 7 pesos mexicanos, con la amenaza de arrebatarles sus mercancías si usan cayucos de los habitantes de San Francisco Botes.
Es una zona dominada por una galopante corrupción, donde se involucran altas autoridades de Belice, según denuncias de sus ya cansados y desesperados ciudadanos, quienes rompieron el silencio ante los diarios POR ESTO!, muchos con el temor de que les sean quitadas sus mercancías por los contrabandistas beliceños o por los agentes de aduana de aquel lado, a los que llaman customs por significar aduana en inglés, quienes son cómplices de este control mafioso.
Además de señalar la participación los customs (aduaneros beliceños) en este violento control de la introducción de víveres hacia Belice cruzando el río Hondo, estas personas toman valor para denunciar a altas figuras del actual partido gobernante, el Partido Democrático Unido (PUD), asegurando que son quienes están a la cabeza de esta grave red de corrupción, todo para garantizar el control político y económico de la zona, logrando con ello manipular a su pueblo ya sea por temor o por necesidad, para que ellos puedan permanecer en el poder.
El hambre como arma de sometimiento
Entre un espectacular paisaje de verdes y grandes montañas, a menos de hora y media de distancia de Chetumal si uno viaja en carro, se esconde esta cruda realidad donde el hambre se convierte en el arma perfecta de sometimiento político y económico, justo en la zona donde un pequeño riachuelo, rodeado de selva y manglares, conecta a Santa Cruz, del distrito de Orange Walk, Belice, con el río Hondo y la comunidad mexicana de San Francisco Botes, del municipio de Othón P. Blanco, Quintana Roo.
El violento dominio de las mafias beliceñas que se han adueñado de esta frontera es sumamente grave, pues se está frente a un gobierno carcomido por la corrupción, que mantiene a su pueblo sometido a la marginación y a la voluntad de los intereses que lucran con el hambre de cientos de beliceños que radican en Santa Cruz, San Antonio, Yo Creek, Albion Island, San Román, San Luis, y demás comunidades colindantes con el río Hondo, ubicadas en el Distrito de Orange Walk, Belice.
Israel Gómez, de los pocos beliceños que con valentía accedieron a hablar con los diarios POR ESTO!, explica de manera atropellada pero contundente y honesta, el hartazgo y el enojo con que viven los beliceños de la zona al no poder evitar ser víctimas de las mafias de contrabandistas beliceños que dominan la frontera, criminales que les han comprado su silencio con amenazas y violencia.
El hombre -quien desde la otra esquina está siendo apurado por su preocupada familia, pues temen que por hablar les quiten la mercancía que con esfuerzo compraron en suelo mexicano- dijo que en la villa de Santa Cruz, Belice, y las demás comunidades cercanas que colindan con la frontera mexicana, viven atormentados por los contrabandistas beliceños, asegurando que éstos actúan bajo la protección y permiso de altas autoridades beliceñas, donde señala incluso a funcionarios del actual partido gobernante, el Partido Democrático Unido.
El poblado de Santa Cruz, Belice, no alberga a más de 75 familias, diseminadas en un llano donde no se cultiva nada, pero sí se producen delincuentes, y donde se han formado mafias que mantienen un violento y estricto control sobre las decenas de personas que día tras día atraviesan a territorio mexicano para adquirir los preciados bienes que en su país les cuestan por lo menos 3 veces más que en México.
El único periódico mexicano que se lee en la zona es el POR ESTO! de Quintana Roo, que es adquirido y traído desde México por los mismos beliceños, “porque nos gusta y es el que trae la verdad”, expresa alegremente una señora de Santa Cruz que todos los días es testigo de los más de 500 cruces de beliceños hacia San Francisco Botes, Quintana Roo, donde compran sus alimentos aun con el temor de que les sean decomisados por los contrabandistas o por los customs beliceños.
Resulta irónico que una zona donde abundan la marginación y la pobreza tenga lancheros que son los únicos que cuentan con motores fuera de borda para transportar a la gente entre Belice y México, cobrando un dólar beliceño por persona, que equivale a entre 6.50 y 7 pesos mexicanos.
El dominio que los contrabandistas beliceños tienen en el transporte de barcazas que cruzan el río Hondo, lo logran amenazando tanto a sus connacionales así como a los pocos mexicanos que se animan a dar este servicio con piraguas movidas sólo con remos.
Don Pedro, un poblano bonachón de no más de 59 años, accede amablemente a llevar en un viejo y tambaleante cayuco al equipo de POR ESTO!, no sin antes ser amenazado por los beliceños a cargo de las otras barcazas, quienes golpean la del mexicano a manera de advertencia para que no se meta en ese negocio que sólo ellos quieren controlar.
Dicharachero, un tanto entrón, empuñando su remo, don Pedro no deja de aplicar sus conocimientos de la zona, como pretendiendo convencer e impresionar a los reporteros sobre su vasta experiencia en este trabajo, en donde las mafias beliceñas les dejan únicamente las migajas de un comercio fluvial dominado y manejado, según las propias palabras de los denunciantes, por altas autoridades beliceñas.
Mientras se recorre el río en tránsito entre San Francisco Botes y Santa Cruz, los lancheros beliceños se incomodan por las cámaras de los POR ESTO!, voltean o bajan la mirada; algunos se tapan con las manos, todo para no ser fotografiados, pues no quieren que haya testigos de sus bajezas y del sometimiento en el que tienen a sus conterráneos
Tierra sin ley
Don Pedro traslada al equipo de POR ESTO! hasta la villa de Santa Cruz, que se ubica justo a orillas de la ribera del río Hondo, frente a la comunidad de San Francisco Botes, Quintana Roo.
Cuando uno se adentra en estos terrenos beliceños, tal parece que se es víctima de un retroceso a los inicios del siglo XX: caminos de terracería, rústicas casas de madera, camiones destartalados, camionetas chatarra, bicis y motos que son usadas como burros de carga para el traslado de las decenas de bolsas de víveres que anuncian alegóricamente comercios mexicanos asentados en esta frontera sur del país.
Uno no puede dar crédito a que, en menos de dos horas, se acabe la modernidad e inicie la pobreza, siendo ésto una tierra de nadie, una tierra sin ley, pues los mismos beliceños pertenecientes a las mafias que dominan la región sentenciaron a los reporteros de POR ESTO! con un amenazante “mucho cuidado, aquí no hay ley; del otro lado (México) sí la hay, pero aquí no, así que pónganse abusados y regresen por donde vinieron, porque aquí no los queremos… vayan a tomar fotos a su país, están advertidos”.
En la villa de Santa Cruz, Belice, el equipo de POR ESTO! planea hacer un recorrido por el lugar. En menos de media hora, los sujetos ya han corrido la voz y puesto en alerta a toda su gente; el ambiente se siente tenso y pesado, y las miradas no dejan de posarse sobre los movimientos de los reporteros.
Finalmente, sintiéndose impunes, los contrabandistas agarran valor para acercarse y amenazar a los reporteros de los diario POR ESTO!, advierten que no quieren a los periodistas mexicanos en su país, y que les “partirán la madre” si no se regresan por donde vinieron.
Con temerosas palabras, el poblano don Pedro también dice a los reporteros que los contrabandistas beliceños lo han amenazado de que si los adentra en el pueblo matarán tanto a don Pedro como al equipo de POR ESTO!, pues gracias a la protección e impunidad que les brindan las altas autoridades beliceñas, pueden hacer lo que quieran sin deberla ni temerla.
En el viaje de regreso a tierras mexicanas, y a pregunta expresa del reportero sobre la razón por la cual los pocos mexicanos que trabajan de lancheros sólo utilizan viejas piraguas sin motor, don Pedro y otro hombre que se acerca motivado por la inconformidad y el enojo hacia las mafias beliceñas, abundan que “no se puede competir con ellos cuando tienen amenazados a sus paisanos de que sólo pueden usar embarcaciones de su propio país, con la amenaza de que si no cumplen les serán decomisadas todas las cosas que compren en México”.
“¡Denúncienlos!”, abunda efusivamente el beliceño Israel. “¡Estamos hasta la madre de ésto! Nuestro gobierno nos tiene amenazados y controlados para votar por ellos, si nosotros pertenecemos al partido contrario no podemos introducir mercancía mexicana a Belice; cuando los customs (aduaneros beliceños) te detienen ven de qué partido eres, y si no eres de su partido te quitan toda tu mercancía”.
“Pero ¿qué chingados podemos hacer? -continúa diciendo Israel- si aquí nos morimos de hambre porque no se produce nada, y es por eso que tenemos que cruzar a México para comprar, para comprar los alimentos, porque ahí podemos comprar con dos dólares beliceños un litro de leche, y aquí (en Belice) tenemos que pagar por el litro de leche más de 3 dólares beliceños”.
Los diarios POR ESTO! fueron testigos, en más de una ocasión, del control criminal que tienen sobre estas personas, donde los mal encarados contrabandistas no tuvieron miramiento alguno para acercarse y amenazar, al momento de las entrevistas, a los beliceños que platicaron con los reporteros.
“Mejor cállate hermano, lo que tú estás buscando es que te quitemos todo; sigue tu camino y no nos estés molestando o te ira muy mal”, fueron las amenazas de un barquero y contrabandista beliceño hacia Israel, quien pidió no salir en fotos, pues sabe que habrá represalias contra él y contra su familia.
Entre las denuncias vertidas a los diarios POR ESTO!, la gente hace el recordatorio del secuestro y asesinato del empresario Ramón Cervantes Madera, del Distrito de Orange Walk, Belice, que sigue sin resolverse, poniendo este caso como un claro ejemplo del corrompido y violento sistema político que domina la región, el cual hará hasta lo impensable por seguir en el poder.
Así es como se controla en este lugar el paso diario de cientos de indefensos beliceños que cruzan a territorio mexicano para comprar sus víveres, haciéndolo con el temor de que su compra les sea arrebatada por las mafias de contrabandistas beliceños o por los customs (aduaneros beliceños), quienes también se mantienen al acecho de toda la gente que cruza, pues forman parte de esta grave red de corrupción y violencia para garantizar el control político y económico que tiene sometidos a los pobladores asentados en esta vasta región fronteriza, la frontera olvidada.

POR ESTO

No comments so far.

Be first to leave comment below.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *