La dirigente alemana abandonará la presidencia de su partido, tras 18 años, y no se presentará a las elecciones de 2021.

La canciller alemana, Angela Merkel, ha anunciado este lunes que no se presentará a la reelección como presidenta de su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), y que este será su último mandato —oficialmente finaliza en 2021— al frente del Gobierno alemán. La decisión, que se produce después de que la formación conservadora haya recibido dos importantes reveses electorales en las regiones de Baviera y Hesse, marca el fin de una era en la que la dirigente, de 64 años, licenciada en Física y procedente de la antigua Alemania del Este, ha dominado la política en Europa.

Merkel ha presidido la CDU desde 2000 y es canciller desde 2005. Cuando llegó al Gobierno, George W. Bush presidía EE UU, Chacques Chirac ocupaba el Elíseo en París, Tony Blair era el premier británico y José Luis Rodríguez Zapatero gobernaba España. Este lunes, la dirigente alemana, considerada una de las mujeres más poderosas del mundo, ha confirmado que dejará la dirección del partido en diciembre y que no contempla volver a presentarse a unas elecciones federales, aunque por motivos políticos se convoquen antes del fin de la legislatura.

“En la próxima conferencia federal del partido en Hamburgo no me presentaré de nuevo como presidenta de la CDU. Tampoco me postularé de nuevo como canciller durante otro periodo legislativo. Este es mi último mandato como canciller federal […] Soy responsable de todo, de los éxitos y los errores, y esta cuarta legislatura será la última para mí”, ha señalado Merkel en una rueda de prensa en la sede del partido en Berlín.

La canciller ha calificado de “decepcionante y amargo” el mal resultado obtenido por su partido en Hesse este domingo, donde ha perdido 11 puntos respecto a las elecciones de 2013, y ha admitido que los motivos de la debacle había que buscarlos en los últimos meses del Ejecutivo federal. Estos malos resultados se unen a los que ya cosechó la formación en la cita con las urnas en Baviera, el pasado 14 de octubre. “La imagen que ofrece el Gobierno es inaceptable”, ha agregado.

La decisión de Merkel se debe al resultado en esos comicios, pero también a la tendencia a la baja en las encuestas que se publican regularmente en el país. Según el último sondeo, la CDU solo obtendría un 24% de los votos en unas elecciones nacionales. Merkel ha subrayado que “es hora de abrir un nuevo capítulo”, ya que su “objetivo siempre había sido ocupar cargos políticos con dignidad, y un día partir con dignidad”. Tampoco contempla postularse para ocupar un alto cargo en la UE tras las elecciones al Parlamento Europeo de mayo.

Con Merkel en camino de abandonar la política, se abre la carrera para sucederla. Por el momento dos militantes destacados han presentado su candidatura para liderar la CDU: Annegret Kramp-Karrenbauer, actual secretaria general del partido, y Jens Spahn, ministro de Sanidad. También es posible que anuncie su candidatura Armin Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westfalia. Según el periódico Bild, el exjefe del grupo parlamentario de la CDU/CSU Friedrich Merz (ocupó ese puesto entre 2000 y 2002), tampoco descarta la posibilidad de presentar su candidatura. “Lo haré, si el partido así lo quiere”, dijo, citado por el Bild.

Los próximos meses son inciertos. Al dejar el puesto de mando del partido, Merkel pierde autoridad entre los suyos, ya que ella misma ha dicho en el pasado que el canciller y el presidente de la formación deben ser la misma persona. A finales de septiembre, ya sufrió una nueva derrota política, cuando sus propios diputados eligieron sorprendentemente a Ralph Brinkhaus como nuevo presidente del grupo parlamentario, provocando la caída, después de 13 años en el puesto, de Volker Kauder, uno de los colaboradores más estrechos de la canciller.

Las presiones que recibe Merkel no solo vienen del partido. Su principal socio en la gran coalición que gobierna el país desde febrero de 2018, el SPD, que también ha sufrido importantes reveses electorales en las últimas semanas, puede retirarse del acuerdo en la revisión de sus términos, prevista a mitad de legislatura.

Como canciller de la primera economía europea, la dirigente alemana ha dominado la política de la UE desde 2005, sobre todo durante la gestión de la crisis de la deuda y la puesta en marcha de medidas de austeridad para atajarla, lo que la situó como el objetivo de muchas críticas. También fue importante su posición respecto a la llegada de miles de refugiados a causa fundamentalmente de la guerra en Siria: siempre ha sido partidaria de abrir las puertas de Alemania, una postura que le ha pasado factura en las urnas.

La debilidad de Merkel en casa puede comprometer su capacidad de liderazgo en un momento clave en la UE, con las negociaciones del Brexit en la cuerda floja, una crisis abierta con Italia a cuenta de su Presupuesto para 2019, que incumple las reglas del euro según Bruselas, y el crecimiento previsto de los partidos populistas en las elecciones al Parlamento Europeo de mayo.

Si finaliza la legislatura y sigue como canciller hasta 2021, como ha planeado, igualará los 16 años en el poder de Helmut Kohl, que gobernó el país entre 1982 y 1998.

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