La noción de que la corrupción nos impide crecer contribuye poco o nada a resolver el problema de fondo.

90741ff0bc2783ad35608519271cdbe9Imagino que la mayoría de los ciudadanos preferiríamos vivir en un país sin corrupción o al menos con menos corrupción. Sin embargo, me parece que en el ánimo de entrarle al tema se cometen excesos tanto en la definición del problema como en las políticas que se proponen para combatirla.

Por ejemplo, no faltan estudios dentro y fuera de México que atribuyen un costo económico a la corrupción en términos de un menor crecimiento. Desde los puntos de vista moral y económico, la noción de que la corrupción nos impide crecer contribuye poco o nada a resolver el problema de fondo.

Desde el punto de vista económico son patentes los casos de personas, empresas y países adeptos a la corrupción que han logrado tasas de crecimiento sostenido muy por encima de los países, empresas y personas más íntegros y alejados de la corrupción. Tal es el caso de China e India, ambos países con niveles de corrupción equiparables a México y con tasas de crecimiento durante las últimas décadas muy superiores a las de los países percibidos como menos corruptos en el mundo.

Desde el punto de vista moral, un padre de familia con valores opuestos a la corrupción educará a su hijo en esos valores aún a costa de posibles beneficios económicos. Los padres con integridad moral no convencen a sus hijos de que la corrupción no les puede traer beneficios económicos; por el contrario, previenen a sus hijos sobre las tentaciones económicas que habrán de evitar para mantenerse firmes en sus valores. Rechazamos la corrupción, tenga o no beneficios económicos.

Aunque el rechazo a la corrupción sea un tema más moral que económico, la política económica y la políticas públicas pueden empeorar o mejorar la situación. En general, mientras más restricciones gubernamentales haya a la actividad económica mayor será el premio de ser corrupto. Más que sistemas nacionales anticorrupción e inspectores, el mejor remedio ha mostrado ser la desregulación y la aplicación automática de las reglas necesarias usando la tecnología. Eliminando reglas y discrecionalidad se consiguen maravillas.

Algunos ejemplos que han tenido buenos resultados en México incluyen: más cámaras de tránsito que policías, menos aranceles, semáforos fiscales aleatorios, la eliminación del examen para obtener la licencia de manejo, la liberalización de las rutas de transporte y, próximamente, la liberalización de la mariguana.

Fuente: EL ECONOMISTA

No comments so far.

Be first to leave comment below.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *