El español supera a un aguerrido Evans y a tres parones por la lluvia en su estreno en Montreal.

Recuperado del desgaste que supuso una remontada desde los infiernos hacia la cima en tierra batida, la cúspide con su duodécimo Roland Garros y un ascenso interrumpido en semifinales en la hierba de Wimbledon, Rafael Nadal afrontaba en Canadá su puesta a punto para la superficie rápida. Y apartada de la ecuación la falta evidente de rodaje y tensión, el español se apunta el primer paso de gigante para dirigirse hacia la adaptación completa. Vence a Daniel Evans en un estreno exigente y complicado por los parones por la lluvia. A partir de aquí, a limar detalles en el Masters 1.000 de Canadá.

Le costó, y no solo por el parón veraniego. Mucho más adaptado el británico ya en el torneo, desplegó un tenis muy firme que obligó al español a un examen duro para ser el estreno. Para el físico y para la cabeza, pues hubo de templar nervios con los parones por la lluvia, uno breve al principio, otro de media hora al final del primer parcial, y otro más de casi dos horas cuando ya encauzaba el segundo parcial con 2-0. Incluso levantó dos bolas de set complicadísimas en el tie break ante un británico sólido y sin miedo.

Evans, 53 del mundo, le robó el primer turno de saque, nada más empezar el partido. Las piernas todavía no se deslizan con la rapidez adecuada y llegó tarde para apuntalar sus golpes, sobre todo una derecha que se fue ajustando con el paso de los minutos. La lluvia entró en escena para centrar al español, que volvió del vestuario con más mordiente en los cambios de dirección que comenzarona asfixiar a un Evans ambicioso.

Recuperó Nadal el break al sexto juego. A partir de ahí, un puntito más de intensidad y velocidad. Hizo sufrir a su rival desde el fondo, que se vio superado en sus intentos hacia la red. El español supo adaptarse cada vez mejor a los botes de las pelotas y pronto comenzó a liderar los ataques. Además, el primer servicio también fue apuntalando su victoria. Con un ace le dio la vuelta al marcador.

Aunque Evans se mantuvo muy seguro con su servicio. Dos turnos de saque en blanco para exigir un poco más al español, obligado por la propuesta porque es el británico uno de esos jugadores que piensan cada punto y también dejan jugar. Una muy buena primera prueba para empezar a calibrar las piernas y la cabeza.

Esa azotea privilegiada que otorga al balear ese extra para ganar en los puntos importantes, como en ese décimo juego en el que se ganó dos bolas de break. Sin embargo, Evans mantuvo la calma y alargó esa primera manga hasta el tie break, con un parón de media hora por una chaparrón que mandó a los jugadores al vestuario.

El paso por el vestuario le dio un soplo de aire fresco a Evans, que salió como un bólido y comenzó con ventaja en ese último juego definitivo. Todo lo contrario que Nadal, contrariado con su revés en los puntos menos oportunos y que se vio obligado a remontar un 2-5 y a levantar dos bolas de set. Pero es Nadal, único en remar bajo presión. A la hora y diez de encuentro, mano al cielo para atrapar el primer set.

Con la adrenalina, y la amenaza de las nubes en el cielo, el español metió una marcha más para empezar el parcial con un break y consolidarlo con un buen servicio. Había prisa. Pero la lluvia fue más rápida y volvió a interrumpir el encuentro, esta vez con un parón de casi dos horas.

Parón de dos horas

Un vaivén de concentración que los dos jugadores afrontaron con una paciencia infinita, encendidos los dos en la reanudación. Evans apuró sus opciones con el servicio, pero Nadal mantuvo la calma y no cedió ante la agresividad que le propuso el británico. Tenía un break de ventaja y se mantuvo firme para defenderlo, aunque con cierto trabajo porque una de las cosas que se apuntó para el próximo encuentro fue aumentar el porcentaje de primeros servicios.

Porque se animó desde el fondo, más rápido para leer la veloz pelota de Evans y para situarse mejor para responder. El español apretó también desde el resto, incluso llegó a contar con una bola de break en el quinto juego, aunque el británico aguantó lo que pudo con un buen servicio. Y fue Evans quien presionó en un momento de bajón al balear, que regaló dos errores con su derecha y cedió el saque. Otro susto y una prueba más para aumentar la exigencia mental del número 2 del mundo.

Pero como de Nadal es imposible no pensar que puede revertir cualquier situación, solucionó enseguida el resbalón. Volvió a ponerse por encima en el marcador y a las dos horas de encuentro real, lluvia aparte, levantó los brazos después de agitar con su derecha de lado a lado a un tremendo competidor como Evans, que ya no pudo sacar más sus golpes agresivos y sus voleas impecables.

Nadal ya está en tercera ronda del Masters 1.000 de Canadá, después de un examen muy exigente con el que estudiar cómo limar los desajustes para lo que viene.

Fuente: ABC

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