Con una portentosa lección al resto, el número uno neutraliza a Isner (6-4 y 7-6, en 1h 44m) y alcanza las semifinales del Abierto de Pekín, en las que se medirá al búlgaro Dimitrov (7-6, 4-6 y 6-2 a Bautista).

En una jornada en l a que en Pekín llovieron acesRafael Nadal cobró su máximo esplendor. La fundada sospecha de que el número uno llegó a buen tono a la capital china va confirmándose día tras día, con una dinámica progresiva que poco a poco va mostrando al mejor Nadal, a ese Nadal que es capaz de crecerse en la adversidad y sortear situaciones de máxima emergencia (ante Lucas Pouille), de gobernar con puño de hierro (ante Karen Khachanov) y de neutralizar a uno de los sacadores más poderosos del circuito, John Isner. El gigante fue abatido (6-4 y 7-6, en 1h 44m) y mañana, en las semifinales, la cita es con el búlgaro Grigor Dimitrov, verdugo de Roberto Bautista (7-6, 4-6 y 6-2).

El patrón del pulso con Isner, decía Nadal el día antes, estaba muy definido. Era un duelo partido claramente en dos: el servicio del norteamericano y los méritos del balear al resto. Ambos cumplieron, pero el que se impuso y se multiplicó fue el Nadal multiregistro, extraordinario en las devoluciones y vehemente cuando le tocó poner la primera bola en juego. Isner cerró la tarde con 22 puntos directos y un 79% de efectividad al saque, pero al otro lado se encontró con la versión más férrea y dominante del campeón de 16 grandes, ingrávido Nadal, solo siete errores y fuerte como una roca, con el añadido genuino de una mente a prueba de bombas.

“He hecho un gran partido, cambiando muy bien las direcciones y tremendamente concentrado todo el rato”, valoró Nadal; “al resto estuve bien y cuando tuve oportunidades metí muchas bolas dentro. Es una victoria importante para mí, ante un rival que llegaba con mucha confianza”.

La victoria, decía un día atrás, pasaba por la aceptación, por no perder el temple si durante un buen rato veía pasar la bola como una centella sin poder darle caza. Y así fue, porque desde el inicio Isner propuso el esquema minimalista y en sus primeros saques Nadal apenas pudo olisquear de lejos la pelota. Sin embargo, mantuvo la paciencia y remó, fue desgastando progresivamente al coloso de Greensboro (2,08) y haciéndole menearse hasta encontrar la rendija. Esta apareció al noveno juego y Nadal se abrió paso con decisión. Firmó la única rotura y decantó el primer parcial, resuelto en 45 minutos exactos, después de que Isner tradujese 11 de sus 33 servicios en premio.

Aumenta la renta sobre Federer

A partir de ahí, más concentración, una defensa fabulosa y el cerco cada vez más estrecho para Isner, un jugador que a uno o dos tiros intimida pero que en el momento en el que el punto se dilucida en un peloteo intermedio se diluye por completo. Cada vez que Nadal conseguía devolver uno de sus meteoritos (picos de 228 km/h), el estadounidense se encontraba en un buen lío y los intercambios se cerraban con su derecha o su revés estampándose en la red. Al final, 38 errores no forzados y resignación ante el estrangulamiento del número uno, que derivó la segunda manga en el tie-break y ahí finiquitó por completo la historia. Pocas veces un sacador con el pedigrí de Isner habrá perdido una muerte súbita en blanco. Pocas, o tal vez ninguna.

Nadal, mientras, se redimensiona y sigue agigantándose en Pekín, territorio que solamente conquistó en 2005. Arropado en la grada por Francis Roig y su íntimo amigo Tomeu Salvà, alcanzó su novena semifinal de la temporada y agregó otros 90 puntos a su casillero, por lo que la distancia con Roger Federer es ya de 2.050 puntos. Pueden aumentar si solventa el cruce con Dimitrov, el hechicero que ocupa el octavo peldaño del ranking y que esta temporada coprotagonizó un intensísimo duelo en Melbourne. Eso sí, el búlaro ha claudicado en ocho de los nueve enfrentamientos con el mallorquín. Ahora bien, la única vez que logró derrotarle fue en Pekín, el curso pasado.

“Es uno de los peores rivales que pueden tocarte”, expuso Nadal, que también se refirió a la posibilidad de cerrar 2017 en lo más alto: “Nunca ha sido mi objetivo a lo largo del año. Lo único que quería era mantenerme sano y competir hasta el final, pero claro que me haría ilusión, aunque no voy a forzar mi calendario”.

Fuente: El País.

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