La crisis humanitaria y la indolencia del régimen compromete la salud de al menos 30 niños y adolescentes que padecen leucemia y aplasia medular.

Súplicas como «mami, yo no me quiero morir» o «si tengo que morir, déjame morir» se escuchan en los hospitales de Venezuela, un país que está sumido en una devastadora crisis humanitaria desde hace más de 10 años, y que ha vulnerado el derecho a la vida. Al menos 30 niños y adolescentes padecen de aplasia medular y esperan ser trasplantados de médula ósea, pero mientras llega una respuesta corren el riesgo de perder la vida.

El martes, un grupo de madres que tienen a sus hijos en el hospital JM de los Ríos, el único hospital de niños de Venezuela y ubicado en Caracas, sacaron a la luz sus historias. Sus testimonios desgarradores volvieron a recordar al país la crítica situación en materia de salud que muchas veces es opacada por el contexto político.

«¿Mami, por qué estamos aquí?». Geraldine Labrador, es la madre de Robert, un niño de siete años que sufrió una recaída recientemente por la leucemia, y al que le da pánico ingresar a un hospital. «Él me dijo que no se quería morir, que él quería crecer, que él quería ser un bombero, que no quería pasar por lo mismo, que no quiere que se le caiga otra vez su cabello», relató entre llantos.

Aunque Robert se aferra a su vida, la madre tiene los ánimos por el suelo. Muy en el fondo sabe, aunque eso le genere dolor, que su hijo puede morir en cualquier momento. «Si tantas madres están en esta lucha desde hace más de cuatro años y no han podido salir del país para los trasplantes, ¿qué esperanza tengo yo? Ninguna», responde afligida.

Pero hay otros pacientes a quienes la desesperanza los acompaña en la lucha contra la enfermedad, y que además, conscientes de que no tendrán una respuesta inmediata a su caso, confiesan a sus familiares estar «cansados» y sin fuerzas para mantenerse con vida.

«Mamá, ya no luches más. Deja eso así. Ya tú estás cansada como estoy cansado yo», es la petición de Néstor, de 14 años a su madre, Angie Terán. «Yo le digo que mientras tenga la fuerza lo voy a ayudar», dijo Terán desconsolada y negada a perder su hijo. Néstor diagnosticado en 2017 con leucemia linfoblástica aguda, tiene dos semanas sangrando y con las plaquetas en cero, es un apasionado al béisbol y había firmado para jugar con el equipo de Arizona, Estados Unidos.

El director de la ONG que vela por los derechos de los niños y adolescentes de Venezuela, Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap), Carlos Trapani, aseguró este martes que esos 30 niños y adolescentes que necesitan el trasplante de médula deben recibir un tratamiento inmediato y por ello tienen que salir del país: «La salud no puede esperar», sentenció.

También el derrumbe de las infraestructuras en los centros médicos, la falta de equipos, la falta de agua y de electricidad comprometen aún más la vida de los niños. «Las fallas no permiten la realización de procedimientos especiales, como punciones lumbares, aspirado de médula y biopsia de médula. No se han podido realizar químicas sanguíneas porque el laboratorio del hospital continúa cerrado», agregó Trapani.

La crisis económica profundiza más el problema. Algunas madres confesaron tener que dejar de hacerles estudios médicos a sus hijos porque no tienen dinero. Incluso, los tratamientos no pueden ser comprados porque supera exorbitantemente el ingreso de las familias.

La quimioterapia que un niño necesita mensualmente tiene un costo de mil dólares, pero el ingreso mínimo de una familia no supera los seis dólares.

En Venezuela, más de 300 mil personas están a la espera de una ayuda humanitaria que ha gestionado, desde febrero, el presidente interino Juan Guaidó para salvarles la vida. Sin embargo, el régimen de Nicolás Maduro se ha negado y ha impedido que entre la donación de medicinas, insumos y alimentos, pero el gesto ha sido catalogado de limosna por el gobierno ilegítimo.

Por su parte, el segundo hombre más poderoso del chavismo, Diosdado Cabello, dio como solución la preparación de té con hierbas como sustitución de los medicamentos que no están disponibles en Venezuela. «Si no consiguen medicinas, tienen que resolver con guarapo de monte. Si no tienen masa hagan arepas de yuca o maíz. Resuelvan», sugirió.

Tanto Cabello como Maduro han asegurado que el desabastecimiento de las medicinas y de los alimentos se debe a un bloqueo económico por parte de Estados Unidos, y con ese argumento han buscado librarse de su responsabilidad ante la implacable crisis. Sin embargo, tanto el chavismo como la oposición han mantenido reuniones con la Cruz Roja para que una importante cantidad de donaciones llegue a quienes más se han visto afectados por la crisis.

Fuente: ABC

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