Los problemas ambientales y saturación que enfrenta la isla de Holbox ya pasaron factura. Desde la semana anterior la Secretaría de Turismo Federal, Sectur, rechazó la solicitud el municipio de Lázaro Cárdenas para que la joya del Caribe mexicano ingrese dentro del programa Pueblos Mágicos.
El rechazo de la solicitud se debe directamente a la falta de un Plan de Manejo y las recurrentes contingencias sanitarias que se han reportado dentro de la isla, desde hace un año.
Para la Secretaría de Turismo Federal, Holbox no cumple con los requisitos, reglamentos y planes de desarrollo, así como lineamientos establecidos para el programa de Pueblos Mágicos, por su estatus de incertidumbre.
En la actualidad Quintana Roo cuenta con tres nombramientos de Pueblos Mágicos: Bacalar, Tulum e Isla Mujeres. En los tres destinos, lo que se ha priorizado es el tema de manejo en turismo sustentable.
En el caso de la isla de Holbox, la Sectur sostiene que no hay claridad en el plan de desarrollo turístico, urbano, Reglamento de Imagen Urbana, de Comercio en Vía Pública y de Manejo de Residuos Sólidos.
Sobre este punto, la asociación de hoteles de la isla ha reiterado en ocasiones que los problemas ambientales por los que atraviesa el destino se ocasionan debido al mal manejo de aguas residuales y desechos orgánicos, lo que tiene a la isla cerca de colapsar.
De acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental y la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas. Holbox es parte desde hace 20 años del Area Protegida Yum Balam, que enfrenta numerosos problemas por la falta de un plan de manejo, recursos materiales y humanos para garantizar su buen estado, a lo que se agregan los efectos nocivos que ocasiona el crecimiento desordenado del sector turístico.
Lo ocurrido permite llamar la atención sobre el grave conflicto social que existe en esa bella isla. Viene de lejos y se agudizó los últimos años. Tiene que ver con las tierras que hacen parte del ejido de Holbox, sus integrantes y quienes se ostentan como sus dirigentes y con la especulación del suelo para edificar lo mismo casas que pequeños y medianos hoteles propiedad de inversionistas foráneos.
Todo ello origina desacuerdos entre los pobladores, buena parte de los cuales desea vender al mejor postor sus parcelas, sin reparar en los negativos efectos que, al limpiarlos de manglar y otras especies, causan al ambiente y al conjunto social de la isla.
Por ello la urgencia de que las instancias oficiales (especialmente la agraria y la ambiental) intervengan a fin de dar certeza jurídica sobre los alcances del ejido. De los 118 ejidatarios, unos 80 vendieron ya sus parcelas y perdieron sus derechos ejidales. Los sustituyeron personas en su mayoría de Mérida y que nunca han vivido en la isla, pero obtuvieron constancias de residentes.
El problema en Holbox rebasa, por tanto, lo ambiental, pues ha cambiado muchísimo la última década, especialmente en la parte noroeste. Previamente se abrieron caminos y lotificaron terrenos que estaban poblados de manglares, chitales y humedales.
La intervención federal detuvo temporalmente el proceso de apertura pero ahora es la parte que se transforma acelerada y anárquicamente a costa de dichos recursos.
Ahí un lote de mil metros cuadrados llega a venderse hasta en un millón de pesos, según su ubicación. En la Isla Grande hay parcelas de cuatro hectáreas que se venden en 10 millones de pesos. Cabe señalar que los primeros pobladores de la isla se asentaron en esa parte y un huracán destruyó sus casas. Sobrevivieron 16 habitantes que constituyeron lo que hoy es el poblado de Holbox. Esa es la zona más frágil y erosionada.

Fuente: Por Esto!

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