1439155042_095059_1439156612_noticia_normalSu deseo se ha hecho realidad. Orlando Ortega (Artemisa, Cuba, 1991), el mejor vallista mundial del momento sobre 110 metros, representará a España a partir de 2016. El 24 de julio, el Consejo de Ministros le concedía la nacionalidad española por carta de naturaleza.

La nacionalización de Ortega ha generado una corriente contraria entre algunos atletas españoles, como el también vallista Javier López, que sienten que pueden quedar desplazados pese a que, ahora mismo, lo único que separa a López del Mundial de China es que no tiene la mínima para participar. Ningún vallista español (de origen) de 110 la tiene. Y, sin mínima, no hay Mundial. “Yo no vine aquí a quitarle el puesto a nadie. Mi trabajo aquí es simple: mejorar, era por lo que tanto luché, por una nacionalidad española. No me la concedió la Federación de Atletismo, me la concedió el Gobierno”, aclara Ortega. “Me gustaría aportarle más nivel a los 110 metros vallas español, que se escuche más en el concierto internacional”. “Si yo quiero estar al nivel de los mejores, tengo que competir contra los mejores”, abunda al preguntarle qué puede aportarle al atletismo español.

Sin rencor hacia Cuba

En 2013, Orlando Ortega fue sancionado por la Federación Cubana de Atletismo por no participar en una competición. Tenía que entrenarse por su cuenta en un estadio que no reunía condiciones. Apeló y logró que Cuba le dejara participar en el Mundial de Moscú, pero llegó con poca preparación por la frustración acumulada y fue eliminado en la primera ronda. Tras ganar la apelación podría haber vuelto a Cuba, pero sabía que las cosas no iban a cambiar. Ha reiterado que no tiene problemas con su país de origen y que siempre será su casa. Está contento con la reciente apertura de la isla. Cree que las cosas van a mejorar y que, si es así, otros deportistas no tendrán necesidad de marcharse de su país.

El atleta de Artemisa quiso venir a España porque era el país del que tenía más referentes y en el que más tiempo había pasado desde 2011, cuando venía con la selección cubana a competir por Europa. Aquí dice sentirse como en casa; le gusta el clima, compartir un mismo idioma y tiene muchas amistades. Pero, sobre todo, España era para él la mejor opción deportiva: “Iba a tener más oportunidades. Quería competir a nivel mundial, porque los americanos y todo el mundo vienen acá a competir. Donde más concentración de competiciones hay es en Europa”, apunta.

Ortega llegó primero a Guadalajara y luego se trasladó a Ontinyent tras fichar por su actual club, el CAVA. El apoyo de su equipo en todo este proceso ha sido crucial. La directiva del club valenciano le hizo una oferta cuando todavía no tenía ni la residencia, ni la posibilidad de competir en campeonatos oficiales. En Ontinyent estuvo entrenando a distancia con Kelvis Antúnez, pero con el apoyo cercano de un monitor nacional.

Ahora, desde marzo, Ortega ha vuelto a entrenar con su padre. Dice que es un cambio que le aporta tranquilidad personal, más energía, deseo y entusiasmo: “Su entrenamiento es mucho más exigente. Siempre he sido un atleta que quiero dar lo mejor para mí, pero esta vez también quiero dar lo mejor para él, porque ya no solo estamos hablando de mí o de un entrenador cualquiera, estamos hablando de padre e hijo, y eso para mí significa mucho”.

Ortega se enteró en Londres, al terminar la cita de la Diamond League, de que había obtenido la nacionalidad española y la noticia le alegró la noche: “No me lo podía creer”. No esperaba que sucediera este año, pese a que en 2015 —con 7,45s en Lodz en 60 metros vallas y 12,94s en París en los 110— nadie ha corrido más rápido que él.

Sus próximos objetivos son el Mundial de Pista Cubierta y los Juegos de Río, en 2016. Lo más probable es que no llegue a tiempo para representar a la selección española en el Mundial de China, en agosto. Aun así, cree que todavía podría haber una mínima posibilidad. “Que la Federación Española pelee y luche tanto con la IAAF como con Cuba también. El día 22 [fecha en la que empieza el Mundial] se cumplen los dos años necesarios, desde de que decidí no competir por Cuba, para poder representar a otro país”, dice respecto a la sanción que le impuso la IAAF cuando desertó. Ahora, espera que Cuba no le ponga objeciones, que podría hacerlo, y ya está ansioso por representar a España.

EL PAIS

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