El mar está siendo ultrajado por la pesca industrial y ribereña. Pesquerías decaen y se colapsan. En México, 46.3% de los recursos pesqueros están aprovechándose al máximo, 29% se encuentran sobrexplotados y 19% colapsados. (Arreguín y Arcos, Hidrobiológica Vol.21 no.3 México sep./dic. 2011). Por ello, la pesca tiene que recurrir a niveles tróficos (o eslabones de cadenas ecológicas) cada vez más bajos, al desaparecer especies que son predadoras tope. Muchísimas especies son víctimas de pesca dirigida o incidental, millones de individuos son atrapados y muertos por redes de cerco y de arrastre, por palangres (líneas con miles de anzuelos) kilométricos y por redes fijas o de deriva, que exterminan atunes, tiburones, mantas gigantes, rayas, tiburones martillo, tortugas, marlines, delfines y otros mamíferos marinos, pez espada, etcétera. Ecosistemas enteros han sido depauperados, como los arrecifes de coral del litoral veracruzano, el Pacífico Central, y el alto Golfo de California así como su porción oriental, mientras que diversas especies están siendo llevadas a la extinción como la vaquita marina y el atún aleta azul.

La industria pesquera considera que el mar es de su propiedad, y que todo el territorio marino de México le pertenece, incluyendo Áreas Naturales Protegidas (ANP) marinas donde la pesca comercial prosigue sin restricciones efectivas. Casi en ningún parque nacional marino o reserva de la biósfera se prohíbe eficazmente la pesca, salvo en las extravagantes reservas decretadas en diciembre del 2016… ¡a partir de los 800 metros de profundidad! Algo insólito que habla del enorme poder de la industria para imponer sus intereses.

Dada la anarquía prevaleciente en el territorio marino de México es fundamental recurrir a instrumentos aptos de ordenamiento, regulación y conservación y a facultades de la autoridad ambiental (Semarnat) en la forma de Áreas Naturales (plenamente) Protegidas marinas con exclusión total de pesca comercial. Se trata de cumplir con compromisos internacionales de México, desarrollando significativamente la cobertura de ANP marinas con exclusión pesquera, hasta abarcar al menos 12% del territorio marino de México (desde la superficie hasta el lecho marino). Esto representaría una garantía para la industria pesquera en sostenibilidad y productividad.

En efecto, se ha comprobado científicamente que las Áreas Marinas Protegidas con exclusión de pesca comercial hacen crecer las poblaciones de todas las especies, reconstruyen y reequilibran las cadenas tróficas o ecológicas, e incrementan sensiblemente los stocks pesqueros y biomasa total de animales y plantas. Igualmente, las ANP marinas con exclusión pesquera aumentan el tamaño promedio de los animales, así como la diversidad o número de especies. De manera importante para la industria pesquera, las especies severamente explotadas tienden a mostrar los incrementos más relevantes en sus poblaciones, y cuando se eleva su abundancia dentro de una reserva, los adultos se desplazan y colonizan otras áreas externas, crecen y se reproducen en el nuevo hábitat. La ciencia ha documentado dichos movimientos desde diversas reservas marinas hacia otras áreas, lo que mejora las capturas pesqueras fuera de ellas (Spillover Effect) en EU, Bahamas, Santa Lucía, Kenia, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Galápagos, entre otros. Es de subrayarse que los peces grandes (y otra fauna) dentro de las reservas marinas producen más descendencia que los animales de menor talla fuera de ella. Así, parques nacionales marinos con exclusión de pesca comercial son un imperativo de política pública en nuestro territorio marino, y serían una verdadera inversión con elevados rendimientos anuales para la industria pesquera. Ello, independientemente del valor económico que representarían como destino de turismo ecológico.

Fuente: EL ECONOMISTA

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