8532198_302e7375bc_mCon su fuerte consciencia mestiza, Carlos Fuentes nos pone a todos los latinoamericanos frente al espejo al decirnos que nuestro origen se produce cuando “la autocracia vertical de Moctezuma fue sustituida por la autocracia vertical de los Habsburgo españoles”. Con esos ancestros, nuestro paso por el tiempo ha tenido un marcado tinte autoritario. Siempre agazapado, el autoritarismo se viste de miles de colores diferentes para lograr su único objetivo: el poder, para dominar y someter al individuo.

En América Latina, la censura nació antes que la libertad de expresión. Pocos años antes de la llegada de Colón al nuevo mundo, Tlacaéle, el arquitecto del imperio azteca, no dudó en quemar los códices de los pueblos conquistados y del suyo propio, para crear una nueva épica “imperial”, borrando siglos de historia y de cultura. Décadas después, los Habsurgos prohibieron y quemaron en plazas públicas las Cartas de Hernán Cortes, narrando sus viajes. En 1553, un decreto de la Corona, posiblemente el primer acto de censura formal en las Américas, prohibió que se exportaran al Nuevo Mundo las historias de la conquista.

Ya sea quemando las cartas, o matando al cartero, la libertad de expresión en América Latina nació destinada a la batalla permanente. Algunas pinceladas de la censura que nos rodea, nos permiten apreciar el cuadro. En Venezuela se está perdiendo la batalla. Prácticamente no quedan canales de televisión y diarios críticos. Hay una persecución permanente a los periodistas que no acompañan al poder y se reprimen violentamente las protestas sociales, que ya le han costado la vida a decenas de personas. Como no han podido detener los reclamos, encarcelaron a los políticos que expresan el desencanto de millones. El presidente Nicolás Maduro, percibiendo que los golpes al cartero no impedían que la realidad traspasara la frontera, exportó los golpes, expulsó a la cadena internacional de noticias NTN24 y amenazó a prestigiosos periodistas internacionales.

Ya sea quemando las cartas, o matando al cartero, la libertad de expresión en América Latina nació destinada a la batalla permanente

En Argentina, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner también buscaron acallar las voces críticas. Primero optaron por quemar las cartas, interviniendo la entidad encargada de las estadísticas oficiales. El autoritarismo prefiere que no se conozcan las cifras para evitar que el hambre le haga perder elecciones. El ministro de Economía, Kicillof, acaba de reconocer que desconoce la cifra de la pobreza en Argentina. ¿Acaso el objetivo de detentar el poder en Argentina, no es principalmente terminar con la pobreza? Pero como quemar las cartas no fue suficiente, el pobre cartero comenzó nuevamente a recibir golpes. Desde la presidencia hacia abajo, un coro de pusilánimes repitió durante años “Clarín Miente”, para golpear al medio crítico de mayor difusión. Estos ataques no se han limitado a Clarín y han sido proferidos contra todos los medios y periodistas críticos del poder político.

En Ecuador, desde la aprobación en junio de 2013, de la Ley Orgánica de Comunicación, impulsada por el presidente Correa mientras busca su reelección, aumentaron las agresiones contra la libertad de expresión en un 46%. Mediante mas de medio centenar de sanciones, durante 2014 cuatro diarios se vieron obligados a cerrar y numerosos periodistas fueron sancionados. El caricaturista Bonil, llamado sinvergüenza, enfermo y odiador por Correa, fue obligado a rectificar una caricatura y el diario fue multado. Considerando que el objetivo de Correa al impulsar la ley, fue “defender la verdadera libertad de prensa”, queda claro que la misma es para el presidente aquella que no atenta contra sus planes de eternizarse en el poder.

En Colombia, durante décadas, las ejecuciones sistemáticas acallaron a cientos de voces disidentes de líderes campesinos, indígenas y sindicales

En Colombia, durante décadas, las ejecuciones sistemáticas acallaron a cientos de voces disidentes de líderes campesinos, indígenas y sindicales que se levantaban frente al autoritarismo de gobiernos supuestamente democráticos. En Guatemala, el voto es un procedimiento eclipsado por el poder de una persona dueña de todos los canales de televisión abierta. Y en Honduras, luego del golpe de estado de 2009, por lo menos 20 periodistas han sido asesinados, en comparación con sólo 3 de las dos décadas anteriores. América Latina, con aproximadamente 300 periodistas asesinados en las ultimas dos décadas, tiene el 30% de los asesinatos de periodistas de todo el mundo, mientras su población es solo el 8 por ciento de la población mundial.

Algunos líderes reiteran metódicamente el argumento canalla de sostener que tienen tanto derecho a la libertad de expresión como cualquier ciudadano. La Corte Interamericana se ha encargado de aclarar que no es así y que el derecho de los funcionarios públicos, en particular los de mayor jerarquía, es más limitado que el del ciudadano común. Según la Corte, los funcionarios deben asegurarse que sus expresiones no constituyan “formas de injerencia directa o indirecta o presión lesiva en los derechos de quienes pretenden contribuir a la deliberación pública mediante la expresión y difusión de su pensamiento”. Esta responsabilidad es aún mayor cuando existe “polarización social o política”. En relación con la independencia judicial, agregó que “los funcionarios públicos, deben ser particularmente cuidadosos en orden a que sus declaraciones públicas no constituyan una forma de injerencia o presión lesiva de la independencia judicial, o puedan inducir o sugerir acciones por parte de otras autoridades que vulneren la independencia o afecten la libertad del juzgador”.

En una carta a su amigo y Premio Nobel de literatura Romain Rolland, Sigmund Freud se refiere al mecanismo de defensa de las persona, recordando al Rey Moro Boabdil frente a la caída de la Alhambra. Para negar la realidad que ponía fin a su mandato, Boabdil prefirió matar al cartero y quemar las cartas. El RomanceAy de mi Alhambra nos describe la estrategia del Rey:

Cartas le fueron venidas de que Alhambra era ganada.

Las cartas echó en el fuego y al mensajero matara

Matar al cartero y quemar las cartas no eliminó la realidad y el Rey Moro se fue al exilio a vivir con su madre. Nuestros líderes deberían aprender la lección. Los carteros estarán agradecidos.

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