La literatura científica avala algunas estrategias para borrar de nuestra memoria aquello que no queremos rememorar.

1.- Existen formas de potenciar nuestro cerebro. Leer libros, jugar al ajedrez, aprender idiomas e incluso salir con los amigos son algunas de las actividades de ocio que nos ayudan a mejorar nuestra memoria. También hay alimentos como los vegetales de hojas verdes, las bayas o las legumbres que ayudan a potenciarla. Pero, ¿qué podemos hacer si lo que queremos es olvidar?

Para hacerlo, a veces, tendemos a evitar lugares y objetos que están relacionados con ese recuerdo. Cafeterías que hemos visitado con personas que ya no forman parte de nuestra vida o regalos que nos hicieron. Esto es un error, asegura el psicólogo experto en gestión de la tristeza Jesús Matos. Al contrario de lo que podríamos pensar, “es necesario asimilar las emociones asociadas al mal recuerdo para que desaparezcan”, aclara Matos y recomienda “atraer a la memoria recuerdos positivos hará que la ausencia sea ligeramente menos pesada”. Aquí cuatro pasos para empezar a olvidar ya.

2.-Aprovechar la vulnerabilidad de un recuerdo para cambiarlo. 

La palabra “recordar”, del latin recordare, significa en su etimología “volver a pasar por el corazón”. Lograr modificar lo que un recuerdo nos hace sentir es posible, curiosamente, engañando al cerebro. Se trata de un proceso llamado “fase de reconsolidación de la memoria”, que es cuando el cerebro reactiva un recuerdo y lo vuelve inestable durante un periodo corto de tiempo, para luego guardarlo y fijarlo de nuevo, como se explicó en El País.

Una investigación, realizada por científicos de la Universidad de Nueva York, publicada en la revista Nature en 2009, demostró que durante esta fase se puede engañar al cerebro y cambiar un mal recuerdo por otro tranquilizador. Una técnica que “promete —según los investigadores— una aplicación como terapia contra la ansiedad y el estrés postraumático”.

3.-Descontextualizar el recuerdo.

El contexto de la experiencia vivida también desempeña un papel fundamental en nuestros recuerdos, tanto en los buenos como en los malos, indica un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Dartmouth y Princeton, en el que se concluyó que somos capaces, si así lo queremos, de eliminar un recuerdo de forma intencionada a través de relacionarlo con estímulos positivos que sustituyen los negativos.

La capacidad de eliminar intencionadamente un recuerdo de nuestra memoria también la han estudiado científicos de la Universidad de Stanford y de la Trinity University. A más de uno le gustaría someterse al proceso de ‘borrado’ de episodios vitales desagradables por el que pasa Kate Winslet (Clementine) en Olvidate de mi, pero el estudio se centra en comprobar la capacidad que tienen las personas con depresión de olvidar las cosas negativas que reaparecen en su memoria de forma recurrente e incontrolable. Una vez más, las conclusiones demostraron la capacidad que tenemos para desechar un recuerdo que no nos gusta.

4.-Pensar en él hasta que pierda importancia.

“Cuando el cerebro reactiva un recuerdo, también despierta las emociones adheridas a él, sean positivas o negativas [recordare]”, explica Matos. Cuanto más negativas sean, mayor será el grado de ansiedad que las acompañe.

“Esas emociones intentan adaptarnos a la situación, son mecanismos adaptativos pero, si pensamos en el recuerdo que las provoca hasta restarle importancia, el cerebro acabará por entender que la ansiedad, en ese caso, no sirve para nada”, sostiene el psicólogo. Incluso, lo olvidaremos, según un estudio publicado en Nature.

Así, recordar recurrentemente cuando tus amigos se enfadaron por algo será el camino para caer en la cuenta de que aquello ya pasó, que no tiene solución, que tus amigos ya te han perdonado.

5.-Centrarnos en lo que hemos aprendido.

“Encontrar un nivel superior de bienestar al que teníamos antes de la situación negativa es una práctica usual en la terapia de crecimiento postraumático”, afirma Matos. Centrarnos en lo que hemos aprendido, en las enseñanzas obtenidas, en los recursos que se han alcanzado, será un buen antídoto contra la valencia negativa de los recuerdos.

6.-Escribir sobre lo sucedido.

La literatura psicológica ha demostrado, como se ha publicado en El País, que escribir sobre un recuerdo negativo resulta terapéutico y que este proceso de introspección, plasmado después en el papel, ayuda a superar incluso depresiones y estadios de ansiedad severos. Así, independientemente del tipo de recuerdo y del tiempo que haya pasado desde aquellos hechos que aún le atacan, dedicar un momento tranquilo, sosegado y en soledad para escribir sobre él en un papel puede ayudarle a neutralizarlo.

 Fuente: El País.

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