librosEl promedio de lectura del mexicano es de 2.9 libros al año, según la última encuesta sobre el tema.

Poco más de 25 millones de mexicanos no ha abierto un libro y sólo cuatro de cada 10 han pisado una librería a lo largo de su vida. Más allá del reconocimiento del precario paisaje, el estudio “Panorama del Libro digital en México”, elaborado por Casa del Libro México, expone una razón histórica para los bajos índices de lectura en el país: el Estado no ha diseñado programas efectivos y suficientes para que los ciudadanos tengan acceso a las letras.
El estudio de Casa del Libro México reproduce los números del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta): hay 7 mil 388 bibliotecas en la República, lo que significa que por cada 13 mil habitantes hay un punto de acceso a la lectura. Pero la distribución no es equitativa: el 30 por ciento de esos espacios se concentra en la Ciudad de México y las otras grandes ciudades del país.
El problema –se expone en el documento– también puede verse a través de las cifras de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem). En México existen casi mil 200 puntos de venta de libros, 600 son librerías y el resto son papelerías o tiendas departamentales y otros establecimientos que ofertan libros.
Se trata de lejanía física, la tendida entre las poblaciones y los puntos donde se encuentran los libros. Pero en el escenario de la lectura en México, hay otro elemento: el desinterés. En 2007, el escritor Guillermo Sheridan describió ese factor en el artículo para Letras Libres titulado “La Lectura en México/1”: “Ya no es apreciación subjetiva sino hecho científicamente demostrado: al mexicano no le interesan los libros. Se hizo todo lo posible, que conste. Y aunque haya sido en vano, hay dignidad en la derrota. Así pues, relajémonos, respiremos hondo, tomemos un descanso”.

DE PROGRAMAS, NO HAY NINGUNA HISTORIA

La lectura es otro elemento que nos muestra la existencia de muchos Méxicos, según expertos.

¿Por qué se arribó a este paisaje? La especialista en Letras Mexicanas y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Norma Lojero Vera, reconoce que el fomento a la lectura no ha estado en la agenda oficial porque ha sucumbido a necesidades mucho más acuciantes en el rubro de la Educación Pública.
Si se siguen las cifras de alfabetización oficiales, es posible identificar esas necesidades. El Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA) admite que de los 77.2 millones de los mexicanos en edad de trabajar, 7.6 por ciento (unos 5.8 millones) son analfabetas; 12.9 por ciento (9.9 millones) desertó de la Primaria, y 22.7 (17.5 millones) no ha concluido la Secundaria. En otras palabras, seis de cada cien hombres no saben leer ni escribir ni hacer cuentas. El padecimiento es más agudo para las mujeres: ocho de cada cien.
“Hay muchos Méxicos. Y hay uno que sí lee y lee mucho. Pero es verdad: es una franja ubicada en las áreas metropolitanas que lo consume todo. Desde El Libro Vaquero, 50 Sombras de Grey, hasta Marguerite Yourcenar”, expresó el escritor José Antonio Lugo, director de actividades culturales en el Foro Chapultepec.
Sea cual sea el escenario, no hay una historia que contar desde las políticas públicas. Ahora mismo, el Plan Nacional de Desarrollo del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, no tiene ningún apartado que describa la ruta que piensa seguir la presente administración (que se encuentra a la mitad) para fomentar la lectura en el país.

SINEMBARGO.MX

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