Playa del Niño, que lucha por una certificación Blue Flag, parece un lunar en un cuerpo decadente y enfermo, plagado de fuentes contaminantes, como basura, aceites y gasolinas de cientos de lanchas y barcos de mediano calado, además de invasiones al manglar y borbollones de aguas pútridas en el mar, a tan solo unos metros del balneario más popular de Cancún.

Si bien en Playa del Niño, ubicada en la subdelegación Puerto Juárez, se realizan trabajos de renovación y bollado, para cumplir con la mayoría de los 33 requisitos exigidos por el Comité de Blue Flag para otorgarle su certificación como de Excelencia Mundial, será casi imposible erradicar las fuentes de contaminación de la bahía donde se ubica.

Fuera de los poco menos de 200 metros que ocupa de frente la Playa del Niño, sobre casi dos kilómetros de costa, cientos de lanchas pesqueras y de servicios turísticos se encuentran fondeadas y sobre tierra, donde se recargan de combustible y aceite; esta situación crea derrames que son la principal fuente de contaminación, no sólo de la playa que se pretende certificar, sino de toda la bahía.

A lo anterior, hay que sumar las descargas al mar de las sentinas (espacio donde se recolectan los líquidos aceitosos y de combustible provenientes de pequeñas fugas en los sistemas de propulsión) de los barcos camaroneros y pesqueros de mediano calado que atracan en el muelle pesquero de la Administración Portuaria Integral de Quintana Roo (Apiqroo), donde se carece de un cárcamo recolector de esos líquidos contaminantes para su posterior traslado y tratamiento, según manifiestan los pescadores.

Aunado a ello, es común observar a todo lo largo y a la orilla de la playa, basura y envases de refrescos, cervezas y de aceites lubricantes, con residuos, todo proveniente de las decenas de lanchas fondeadas y otras sobre tierra, cuyas tripulaciones allí realizan sus maniobras de carga de combustible y lubricación, con los consecuentes derrames y, desde luego, con fugas que, aunque imperceptibles, irremediablemente contaminan el mar.

Esta situación se torna grave, reconoce un pescador que pide guardar el anonimato, porque: “no hay nada que regule la operación de los lancheros, tanto los que se dedican a la pesca, como los prestadores de servicios de tours o excusiones de pesca”.

“No a todos los que nos dedicamos a estas actividades nos preocupa ser limpios para conservar las playas”, comentó. “A falta de una reglamentación y vigilancia, a la mayoría ‘nos vale’”.

 

MANGLAR DEPREDADO

No solo los barcos camaroneros, de transporte y pesqueras –tanto legales como piratas– contribuyen con sus acciones a la contaminación de la Playa del Niño y su entorno, sino que dentro y al derredor de la subdelegación de Puerto Juárez hay otros factores que envenenan la bahía, tanto en lo inmediato como potencialmente a futuro.

En un recorrido de este medio, desde el límite norte de la subdelegación, colindante con la Zona Prioritaria de Manglar, decretada por la Comisión para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), que se ubica a espaldas del la zona urbana del viejo Puerto Juárez, se observó que la misma zona de manglar ya ha sido lotificada; tanto así que se puede leer en un letrero, colocado sobre un relleno de cascajo: “Cámara Nacional de la Industria Pesquera, Supermanzana 85, Manzana 16, Lote 01, Puerto Juárez, Cancún, Quintana Roo. Clave Catastral: 601108501600100000″.

Siguiendo por la misma calle, se observa como vecinos de la zona utilizan al manglar como estacionamiento privado, basurero clandestino, tiradero de escombro y, peor aún, como zona de invasión de paracaidistas y malvivientes.

A corta distancia de allí, avanzando por la avenida Puerto Juárez, está el muelle pesquero de la Apiqroo. Allí, las embarcaciones cararoneras, a falta de un cárcamo, descargan de forma “clandestina” –aunque a vista de todos– sus sentinas directamente al mar, usando sus bombas de achique. En el lugar se mezclan agua, aceite, diesel e incluso heces de sus tripulaciones, según narran los propios pescadores. Llaman la atención algunos montones de basura que, lamentablemente, forman parte del paisaje.

 

LA PLAYA, UN BASURAL

Personas han vuelto la playa en los alrededores del muelle pesquero un muladar, a juzgar por los montones de basura con todo tipo de desperdicios, inclusive envases de plástico aún con residuos de aceite. Esto, pese a la recomendación de la Sociedad Cooperativa Independiente, que firma un aviso plantado en la playa donde se lee: “Prohibido tirar basura en el área” y “Conserve limpias las playas”.

El basural, el mar repleto de sargazo, las envejecidas lanchas y, sobre todo, las ruinas de lo que se pretendía sería la Escuela Técnica Pesquera, dan al paisaje un aspecto tétrico y desolador.

Es de destacar que en esa misma zona, casi frente a Playa del Niño, según lo dio a conocer este diario, al menos cuatro ríos subterráneos descargan aguas pútridas con desagüe directamente al mar.

Esos brotes de aguas pestilentes, producto de fugas en las redes de drenaje que van a dar a corrientes subterráneas, fueron bautizados como “hoyos negros” por el fallecido ecologista José Zaldivar, quien denunció en su momento para este medio que se trata de una de las principales causas de contaminación de la había donde se ubica Playa del Niño.

Como colofón para este trágico recorrido, el lente de este medio descubrió en la zona del muelle de pescadores, rumbo a la avenida López Portillo, un verdadero “cementerio” de lanchas, con trozos de fibra de vidrio y otros escombros, que a nadie le interesa limpiar.

Eso sí, “vamos por la certificación de la playa”, según la Dirección de Turismo Municipal. Tienen un enorme desafío por delante.

FUENTE: QUEQUI

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