El presidente ruso anuncia que se dirigirá a las estructuras competentes de la ONU en La Haya

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha advertido que en varias regiones de Siria, incluidos los barrios del sur de Damasco, se preparan “provocaciones” con sustancias químicas para acusar de ello a las autoridades oficiales. El martes, tras una conversación con su colega italiano Sergio Mattarella, Putin afirmó que esta información provenía de “diversas fuentes” y anunció que se dirigiría oficialmente a las estructuras competentes de la ONU en La Haya para que se haga una “concienzuda investigación” y– “dependiendo del resultado”—“adoptar una decisión equilibrada”.

1491897656_514294_1491925928_noticia_fotogramaPutin dijo que la situación en torno a Siria hoy le recordaba mucho la que se dio en 2003 en torno Irak, cuando los representantes de EE UU en el Consejo de Seguridad de la ONU enseñaban “supuestas armas químicas detectadas en aquel país”. Aquella “campaña”, dijo, culminó con la “destrucción de Irak, el incremento de la amenaza terrorista y la aparición del Estado Islámico en el escenario internacional”.

Según la argumentación del líder ruso, la historia se repite 14 años después, solo que ahora el acusado es Bachar El Asad y no Sadam Hussein. Y “de nuevo los socios (de EE UU) asienten”, solo que ahora lo hacen para “restablecer las relaciones” con el nuevo presidente norteamericano “después de haber adoptado posiciones anti-Trump en la campaña electoral, gracias a la anterior Administración de EE UU”.

Por su parte, el general Serguei Rutskói, jefe del mando operativo del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, sostuvo que “el gobierno de Bachar El Asad no tiene ninguna necesidad de utilizar las armas químicas, que además el ejército sirio no posee”. “El adversario sufre una derrota tras otra y abandona los territorios que controla”, explicó Rutskói, según el cual el lunes el Ejército sirio con ayuda rusa había exterminado 200 insurgentes, rechazado 3 contraataques de estos y destruido 7 tanques, cinco carros blindados y en los primeros tres meses de 2017 se han liberado 226 poblaciones y 3.500 kilómetros cuadrados de territorio de Siria.

Siria se incorporó en 2013 a la convención de prohibición de armas químicas y está sometida al control de la correspondiente entidad responsable en la ONU. De las 12 instalaciones de armas químicas que poseía, 10 fueron destruidas y las dos restantes están en el “territorio de la llamada oposición”, por lo que el Gobierno de El Asad no tiene acceso a ellas, explicó el general.

Dejando clara su intención de obligar a Moscú a elegir entre Bachar El Asad o la colaboración con Occidente, el secretario de Estado Rex Tillerson llegó el martes por la tarde a la capital rusa para mantener dos jornadas de conversaciones con su colega, Serguéi Lavrov.

Antes de la expeditiva acción militar de Trump, se esperaba que el viaje de Tillerson fuera el inicio—tímido, pero inicio al fin– de una cierta normalización ruso-norteamericana. Ahora, lo máximo que puede aguardarse de esa visita es una “estabilización a bajo nivel” y evitar que empeoren aún más debido a las divergencias en Siria.

Este mensaje fue transmitido el lunes por los expertos en relaciones internacionales autores del informe “Hoja de ruta para las relaciones entre Rusia y EE UU”, un documento destinado a reanimar las relaciones bilaterales en diversos campos, desde la economía a la seguridad estratégica, pasando por la seguridad en el ciberespacio, que ha sido preparado conjuntamente por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington y el Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (CAIR).

Si se logra demostrar que El Asad fue el responsable del ataque a civiles con sustancias químicas, “eso no solo sería un golpe contra EEUU, sino también contra Rusia y personalmente contra Putin”, opinó Andréi Kortunov, director del CAIR. “Rusia no es incondicional de Assad, pero después del ataque de Trump le resulta mucho más difícil abandonar al líder sirio, porque en el mundo árabe, en países como Turquía e Irán y en el interior de Rusia esto sería interpretado como si el Kremlin hubiera cedido a las presiones de EEUU”, manifestó el experto. Abandonar a El Asad “hubiera sido más fácil antes del ataque de Trump, pero si resulta que El Asad es responsable del ataque con armas químicas, Putin no olvidará que El Asad lo ha colocado en esta situación y sacaría sus conclusiones, aunque no lo haría ahora ni en el contexto de las relaciones ruso-norteamericanas”, afirmaba Kortunov.

Los expertos rusos aún creen que Putin y Trump pueden entenderse, si es que llegan a reunirse. La visita de Tillerson a Moscú “sería un éxito” si en ella se acordara una reunión entre los dos presidentes para restablecer el diálogo, manifestaba el exministro de Exteriores ruso, Igor Ivanov, uno de los responsables del informe.

“Si Tillerson trae pruebas, se pueden estudiar”, manifestaba el exministro. “Washington no tenía un plan para después” en el caso de Irak y tampoco existía un plan para llevar la democracia a Libia “después de Gadafi”, señalaba.“EE UU y Rusia tienen intereses solapados y en conflicto en Oriente Medio”, señala el informe. “Rusia está preocupada en primer lugar con la seguridad en la región y no quiere que la desestabilización en Oriente Próximo llegue a sus propias fronteras, por ejemplo en la forma de terroristas extremistas”. Rusia “ni tiene los recursos ni intenta restablecer el estatus que la URSS tuvo en el pasado en la región. A diferencia de Rusia, EE UU tiene intereses más multifacéticos en Oriente Próximo y un compromiso con la seguridad de Israel que determina su política en relación con Irán.

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