Estudios de psicología y sociología muestran una evolución favorable hacia la equidad de género en las relaciones femeninas y masculinas de la saga de dibujos animados

“Es una muñeca Barbie, Ken hay un millón de ellas”. Lotso, el oso maloso y oloroso de Toy Story 3 pone el dedo de peluche en la llaga del tema que nos ocupa al así amonestar y recibir como respuesta un: “Para mí no las hay” en un ejemplo de las relaciones intergenéricas en lo que a partir de estos días se convierte en una tetralogía de animación por computadora.

Considerando que ante nosotros y en la pantalla tenemos caras de papas, extraterrestres, dinosaurios, alcancías de cerdo, y ahora hasta tenedores de ojos saltones, puede que sea necesario aclarar que con intergenérico no nos referimos aquí a “híbridos resultantes de cruces entre diferentes especies biológicas”. O, en estos filmes, entre distintos tipos de juguetes, como sabemos era práctica común de Sid, el vecino de Andy.

De lo que hablamos es de relaciones entre personajes femeninos y masculinos en las películas de Toy Story, asunto de gran relevancia cuando se habla de la influencia que en casi un cuarto de siglo han tenido —desde el estreno de la primera— en quienes crecieron con ellas, ya que estudios en las áreas de psicología y sociología han confirmado desde hace varios años que las películas y el resto de los medios visuales de entretenimiento afectan las actitudes, comportamiento y creencias de quienes consumimos estos productos.

El efecto de la aniquilación simbólica

Tratándose de niños, bien sabemos que lo usual no es que, si disfrutan de una película como Toy Story, no sólo la vean repetidas veces, sino que hasta terminen memorizando y actuando escenas enteras (si no es que la totalidad de la cinta), con lo que refuerzan el aprendizaje de lo que observan en la pantalla. Esto incluye conductas intergenéricas que, sin importar que se trate de juguetes antropomórficos, pueden estar asociadas a estereotipos y promover que estos se perpetúen. Peor aún, a pesar de que varios estudios indican que los niños prefieren ver personajes similares a su género, tratándose particularmente de mujeres es usual que éstas sean subrepresentadas en las películas, fenómeno que el comunicólogo George Gerbner bautizó como aniquilación simbólica.

En 1976 la socióloga Gaye Tuchman propuso que esta aniquilación simbólica daña por partida triple a las mujeres: a) condenándolas (a, por ejemplo, el papel de objeto que el protagonista masculino debe rescatar para exhibir sus atributos en la cinta), b) trivializándolas (al estereotiparlas), y c) de plano, omitiéndolas.

Interacciones entre juguetes En 2019 Tim Luisi, investigador de los efectos en los niños de la representación de géneros en los medios visuales, determinó el género de los personajes de la trilogía de Toy Story y analizó las 71 interacciones que tienen lugar en estas películas entre sus 17 personajes femeninos y 31 masculinos. Estas interacciones son de seis tipos:

1. Personajes femeninos que responden al liderazgo de un personaje masculino, ya sea apoyándolo emocional o verbalmente u oponiéndosele verbal o físicamente. En Toy Story 1 los personajes femeninos apoyan a los masculinos sin recibir ningún tipo de apoyo por parte de estos, lo que es una forma de trivialización (La interpretación de Luisi es que en la cinta los problemas femeninos no son tan importantes como los masculinos). Esto empieza a cambiar en Toy Story 2 gracias a la aparición de Jessy, pues Woody la apoya emocionalmente y arriesga su vida para salvarla y su personaje es igual de importante que uno masculino. En Toy Story 3 la situación mejora y hay personajes de ambos géneros que dan y reciben apoyo y, al final de la cinta, Andy por primera vez apoya en reciprocidad a su madre al abrazarla cuando ella llora al dejarlo en la universidad.

2. Liderazgo de los personajes. Cuando aparecen personajes femeninos en Toy Story 1, siempre lo hacen al fondo de la escena; el papel de Betty, por ejemplo, se reduce a gritar mientras observa cómo Sid destruye un juguete. A pesar de que en Toy Story 2 ningún personaje femenino es incluido en el equipo de búsqueda y rescate de Woody, al final Jessy actúa de manera independiente y es la única capaz de resolver una situación problemática sin ayuda de ningún personaje masculino. Y en Toy Story 3 los personajes femeninos por fin son centrales en las escenas en que aparecen y, además de Jessie, Barbie lleva a cabo un plan sin ayuda de personajes masculinos. 3. Rescates, fundamentales en las tres películas. Es a partir de Toy Story 2 que un personaje femenino (Jessy) rescata a uno masculino (Woody), y en Toy Story 3 ya es posible ver a personajes femeninos como Jessie, Barbie y la Sra. Cara de Papa, involucradas en tareas de rescate.

4. Relaciones románticas. Los personajes femeninos son los que comúnmente inician los encuentros románticos en la trilogía, en tanto que los masculinos se muestran reacios o requieren de un empujoncito de los femeninos antes de responder. Una excepción es el primer encuentro de Barbie y Ken, y Buzz en su seductor “Modo Español”.

5. Cosificación. Que, si no estuviésemos hablando de juguetes que cobran vida, podría parecer redundante, pero que en este contexto se refiere a cosificación sexual. En Toy Story algunos personajes masculinos con frecuencia ven a otros femeninos de una manera que más de un(a) legislador(a) en México habría querido tipificar como delito. En una escena, incluso, Jessie provoca que a Buzz se le extiendan las alas en toda su envergadura. Es hasta Toy Story 3 que hay atracción recíproca entre personajes masculinos y femeninos.

6. Mantenimiento de la heteronormatividad. Al término de cada cinta, atestiguamos la formación de parejas y hasta familias (la Sra. y el Sr. Cara de Papa adoptan a los marcianos), y Woody decide —al mejor estilo patriarcal— por todos y sin consulta alguna (ni siquiera a mano alzada, como al parecer es costumbre ya en la 4T) que es hora de mudarse y cambiar a Andy por Bonnie. ¿En constante evolución? Al analizar este sexteto de formas de interacción intergenérica tenemos que —como en el resto de las películas de Disney— en Pixar en general, y en Toy Story en particular, los personajes femeninos se han vuelto cada vez más independientes y asertivos y los filmes han progresado en términos de igualdad de género. Y aunque ignoramos si las aventuras de estos juguetes continuarán, no es ingenuo compartir con Luisi su esperanza de que Toy Story 4 “continúe la tendencia positiva y de a los personajes femeninos aun más de una voz conforme la serie continúa”. ¿Quién apuesta por Betty?

Fuente: ELUNIVERSAL

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