Prestidigitador es un término con el que se distingue a quien mueve con tal presteza los dedos, que logra engañar a la vista. Y los mexicanos siempre salimos poniendo por los enredos que hacen con el presupuesto quienes viven de engañar nuestra atención y llevarse nuestro dinero. Sobran ejemplos, va uno.

Hace 37 años se determinó que el salario mínimo fuera la medida económica para fijar multas, trámites, cuotas, etc. (actualmente son más de dos mil disposiciones económicas). Pero la medida salarioescondía un conflicto de intereses: para que aumentaran los ingresos (siempre bienvenidos) de los gobiernos por estos conceptos, era indispensable subir los salarios mínimos. Y ya sabemos que a la esfera patronal eso no le gusta ni tantito. Tomemos perspectiva.

Australia y Nueva Zelanda fueron los primeros países que (en el siglo XIX) fijaron un límite mínimo al dinero que un empleador debería pagar a sus trabajadores. En México esta obligación quedó consignada en el Artículo 123 de la Constitución de 1917, con el fin de asegurar al empleado un ingreso suficiente para que su familia pueda vivir con dignidad. México, valga decir, ha estado siempre entre los países con más bajos sueldos mínimos de América Latina. Y a su poca monta se le agrega la pérdida de valor real, debida a la inflación. Ya vemos a Miguel Ángel Mancera proponer que el SM suba a 82.86 pesos, un esfuerzo por sacarlo de la línea de pobreza alimentaria. Pero está tan difícil que lo logre, que más parece promoción personal que propuesta real. Ya se verá.

Pero bueno, es hora de volver a la prestidigitación. El malabar que nos ocupa comienza con la unificación de las zonas económicas A y B, el mes pasado, para que en todo el país haya un solo salario mínimo: $70.10. Sonaba bien, sobre todo porque el salario más pequeño subió en vez de que bajara el mayor. Hasta parecía una medida en la que nadie saldría perdiendo, pero eso sólo se da en los discursos. La verdad se asomó pronto: en cosa de 50 días conocimos el elemento sorpresa, el resto del truco:

Al aprobarse la desindexación del salario mínimo a los cobros multicitados –idea que en principio parece positiva–, éstos quedan liberados de la oposición empresarial, que en realidad no se resistía al aumento de tales cargos, sino al del salario mínimo. Y ahora sí, al consumarse esto estamos como estábamos: más fregados con multas más altas y salarios más congelados. Pero los mexicanos a nivel banqueta no contamos. Lo importante para el gobierno es que se evita una confrontación con la clase patronal, que ya estaba lista. Siempre está.

Tomás Natividad Sánchez, Presidente de la Comisión Laboral en la Confederación Patronal de la República Mexicana, se imaginó un ejemplo: “Los patrones tienen que pagar 25 salarios al IMSS y, si hay un incremento, optan por la informalidad”. Así de claro se lo dijo a Pilar Martínez (El Economista, agosto 2014). Si se sube el Salario Mínimo, la clase empresarial recurre a la misma habilidad que el gobierno: la prestidigitación y el engaño social. Que paguen más los que menos tienen, parece ser la consigna.

Fuente: sinembargo

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