Se estima que la cantidad de plástico que existe en los océanos es suficiente para rodear la Tierra más de 400 veces [1]. Esta cifra aumenta a medida que pasa el tiempo y la basura plástica continúa produciéndose. Es muy común que las personas (sobre todo quienes habitamos en las grandes ciudades) creamos que el simple hecho de separar la basura, reciclar y llevar nuestras bolsitas de manta al supermercado genera un cambio en el mundo, porque pues el cambio está en uno mismo ¿no?

Las empresas invierten enormes cantidades de dinero para convencernos del “gran” aporte que podemos hacer las personas al reciclar y separar la basura, sin embargo, el tema de fondo de la basura plástica en nuestros océanos es un tema de responsabilidad corporativa que no es lo mismo que responsabilidad social.

Cuando una empresa organiza una jornada de alfabetización está realizando actividades sociales en alguna comunidad, pero cuando se compromete a eliminar la producción de plásticos desechables que contribuye a disminuir la contaminación por plásticos en nuestros océanos, está realizando una acción de responsabilidad corporativa, ya que esto significa adquirir un compromiso real con las personas que consumen sus productos e invertir en innovadoras y diferentes maneras para la entrega de los mismos.

Las compañías multinacionales generan miles de millones de dólares por la venta de productos de plástico y envases, pero le echan la culpa, la responsabilidad y el costo a las comunidades y a las ciudades para lidiar con la contaminación resultante. Las empresas deben asumir la responsabilidad de sus productos y embalajes, no trasladar la carga de la eliminación a los países en desarrollo.

Algunas han anunciado planes posteriores a 2025 para que sus envases sean completamente reciclables, pero aunque a muchos les gustaría creer lo contrario, el reciclaje no es suficiente para sacarnos de esta crisis. Las empresas no solo diseñan el plástico para que sea difícil o imposible de reciclar, sino que la enorme cantidad de plástico nuevo en el mercado impide cualquier posibilidad de reciclaje.

La única forma de sacarnos de este lío es que las empresas simplemente dejen de producirlo.

La discusión ya está a nivel internacional y se habla de cómo las empresas deben cambiar esta concepción de la responsabilidad social clásica en la que solo hacen cosas lindas para su comunidad, a verdadera y genuina responsabilidad corporativa que las obligue legislativamente en los países donde operan, con base en estándares internacionales como los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos de la ONU o las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales, de tal forma que se obliguen a reducir y mitigar los impactos de sus actividades en el medio ambiente y para la salud y el bienestar de las personas.

La batalla apenas comienza, nuestros océanos están ahogándose en plástico ¿los siguientes pasos?: continuar con el lobby legislativo en nuestros congresos locales para empujar leyes que prohíban o bien impongan impuestos a los plásticos desechables y las envolturas innecesarias, así como no detener nuestra exigencia para que las grandes empresas se vean obligadas a dar un salto de la responsabilidad social a su obligación de respetar derechos a través de la verdadera responsabilidad corporativa.

Fuente: Sin Embargo.

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