Con las semifinales de Rotterdam, el suizo (36 años y 195 días) supera a Nadal en el ‘ranking’ y desbanca al estadounidense Agassi (33 años y 131 días) como el gobernante más veterano de la historia del tenis.

Lo anticipaba a través de Twitter el australiano Darren Cahill, actual preparador de la número uno del mundo, Simona Halep, y en su día instructor del estadounidense Andre Agassi: “Disfrutando de mi (muy probablemente) último día como entrenador del número uno más veterano de la historia… Bloody [maldito] Federer!”. Y al día siguiente, ayer, bajo la pista techada de Rotterdam y ante el holandés Robin Haase, se confirmó el augurio del entrenador: 4-6, 6-1 y 6-1 (en 1h 19m), otro triunfo del suizo y acceso a las semifinales, luego a sus 36 años y 195 días, Roger Federer alcanzó un nuevo honor, el de convertirse en el tenista más veterano de todos los tiempos que ocupar la cima del tenis mundial.

Otra muesca histórica, más gloria, el enésimo laurel para el campeón que no entiende de edades, eras ni generaciones, y que de algún modo continúa erigiéndose como el Benjamin Button del deporte. Al igual que en la novela escrita por Scott Fitzgerald, llevada al cine después, Federer contradice el curso natural de la trayectoria de un atleta, y cuanto mayor es, más joven parece y mejor juega, más gana y más récords logra. Cuando hace poco más de un año se barruntaba su final y se le imaginaba en su retiro de las montañas, él empuñó la raqueta y desafió a la lógica. Desde entonces, tres Grand Slams más a su palmarés y ahora el broche de convertirse en el rey más veterano de la historia.

Con sus tres triunfos sobre la superficie rápida de Rotterdam superó a Rafael Nadal en el ranking (9.785 puntos, por los 9.760 del balear) y desbancó históricamente al célebre Agassi, que en 2003 ascendió a la cima con 33 años y 131 días en el pasaporte. Queda ya atrás el de Las Vegas y también el español, que se encaramó de nuevo a lo más alto el pasado mes de septiembre, en Nueva York, con 31 años. Más lejos figuran todavía otros dos ilustres de la raqueta como Jimmy Connors e Ivan Lendl, que también gobernaron en la veteranía; el primero se hizo con el mando del circuito de la ATP a los 30 años, en 1983, y el segundo lo consiguió a la misma edad, siete temporadas más adelante.

Por lo tanto, a esa retahíla interminable de méritos que dibujan la carrera de ensueño de Federer se añade este último, que a su vez llegó acompañado de otras dos registros únicos: nunca había transcurrido tanto tiempo (14 años y 17 días) desde que un jugador luciese el número uno por primera y última vez, y nunca antes un tenista había persistido tanto (cinco años y 106 días) para recuperar el trono. En el primer sentido, Nadal era hasta ahora el plusmarquista, con un intervalo de nueve años y 184 días entre su primer reinado (18 de agosto de 2008) y el último, y en el segundo había sido Agassi el más voluntarioso, porque retomó el poder tres años y 142 días después: peleó por ello desde el 12 de febrero de 1996 al 5 de julio de 1999.

“Si está consiguiendo todo esto”, precisaba la exnúmero uno Lindsey Davenport, hoy día analista, “es porque Roger sabe exactamente qué quiere, cómo conseguirlo y dónde debe jugar para alcanzar la meta”. Una precisión que procede, y mucho, porque la cadena de éxitos que está protagonizando el suizo desde el inicio de 2017 responde a su extraordinaria reinterpretación personal, algunos golpes de efecto técnicos y sobre todo a la modélica gestión de su calendario. Como los buenos depredadores, Federer es muy consciente de dónde y cuándo debe invertir fuerzas y talento; esto es, en los grandes escenarios o bien en aquellos que pueden ayudarle a redondear su carrera.

Es el caso de Rotterdam, donde a priori no tenía previsto acudir, pero dadas las circunstancias, la tentación tan cercana de volver a hacer historia y añadir más brillo a la leyenda de RF, se permitió una ligera modificación. Una excepción que le ha aupado otra vez hasta la cúspide del ranking ATP, oficial desde 1973. Lo hace a los 36 años, camino de los 37, con un aspecto bien diferente al del 2 de febrero de 2004, cuando holló el circuito por primera vez. Entonces, con una melena tupida y algún rastro de acné en las mejillas, batió a Marat Safin en la final de Melbourne y se encumbró por primera vez. Luego mantuvo la hegemonía durante 237 semanas consecutivas, hasta que la interrumió Nadal en agosto de 2008. Y ahora, otra vez arriba, en la azotea.

“Andre, nadie mejor para romper tu récord… 14 meses de tenis fabuloso, Roger”, se rendía el técnico Cahill, que cede el privilegio al croata Ivan Ljubicic, asesor actual del suizo. “Eres increíble”, sentencia este último, al lado del hombre que destruye cualquier regla de la lógica.

Fuente: Sin Embargo.

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