El director de «Toro Salvaje» compartió ayer escenario con Rodrigo Cortés en presencia de la Reina.

Martin Scorsese es «el motivo» por el que Rodrigo Cortés hace cine. Y ayer, en la Fábrica de Armas de La Vega, en Oviedo, maestro y aventajado alumno tuvieron ocasión de compartir esa pasión que ha guiado sus vidas hasta hacerlas converger. En presencia de Doña Letizia, «cinéfila entre cinéfilas y que ve más películas a la semana que la mayoría de nosotros», en palabras de Cortés, recorrieron la «Factoría Scorsese», el espacio que la Fundación Princesa de Asturias ha montado en homenaje al cineasta estadounidense:un set de rodaje que reproduce la habitación del protagonista de «Taxi Driver», una instalación artística titulada «El ring», que se inspira en «Toro Salvaje»... Scorsese estaba en su salsa, y se notaba. La audiencia que le esperaba era exigente. Jóvenes cineastas como Paula Ortiz, Gonzalo Tapia o Lara Izaguirre, y estudiantes de escuelas de cine de todo el país le recibieron con una sonora ovación, que fue secundada por la Reina. No hizo falta que nadie gritara aquello de «¡Acción!». La magia del cine estaba en el ambiente.

La primera película que Cortés vio de Scorsese fue «El color del dinero». El estadounidense, cómodo en su butaca de director, recordó que aquel fue un proyecto para Paul Newman. «Era la primera vez que trabajaba con una estrella de cine. Tuvimos una relación simbiótica y de él aprendí que no sé nada de actuación». El hecho de que Newman le mandara una carta en la que le llamaba Michael es una anécdota que ya forma parte de la historia del cine. «Nadie sabía cómo me llamaba entonces. El dinero no me importaba, era joven y estaba loco». La de Jerry Lewis quejándose en el set de «El rey de la comedia» por llevar tres noches seguidas (de seis de la tarde a seis de la mañana) rodando es otra cuita para sus memorias.

«Toro salvaje» supuso un antes y un después para él. «Ya no podía esconderme tras el título de cineasta. Era yo, de dónde venía». Scorsese no sabía nada de boxeo y durante mucho tiempo lo evitó. Hasta que acudió, con su amigo Brian de Palma, a un par de combates. Le marcó la esponja, escurrida en un cubo de agua, chorreando sangre, la misma que desprendía la cuerda del ring y resbalaba por la cara del púgil. Aquello quedó reflejado en la pantalla.

Excepción

Como dice Cortés, Scorsese es «una excepción», porque es «muchos directores a la vez». Experto en montaje, amante de los silencios, «establece contrastes entre las tomas» de manera asombrosa, hasta dar forma a esa «narrativa tan especial». Quizás porque se crió, cinematográficamente, en ese «otro mundo» de las películas clásicas deJohn Ford, Orson Welles... Sin olvidar la música, a la que apeló el cineasta español como clave en su obra. Así descubrimos que «In the Still of the Night» es la canción principal de «The Irishman», su próxima película. Todo sin dejar de pensar en nuevos proyectos. «Sigue explorando, inventando», y eso a Cortés le «fascina». «Tengo 75 años y quiero seguir rodando, de lo contrario me aburro. Por eso hice dos pilotos para la televisión, para ver si tenía esa energía. La espera es un problema para mí». Y nosotros, afortunados de que así sea.

Fuente: Pleycine

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