Sexo a cambio de agua

Varios octubre 25, 2018 HL 0

La corrupción no afecta igual a hombres y mujeres. En países como Sudáfrica o Colombia, ellas se pueden ver obligadas a trocar su cuerpo por un bien básico. Para combatir la ‘sextorsión’ se necesitan más datos

Si se teclea sex for water [sexo a cambio de agua] en cualquier buscador en internet, en pocos segundos la pantalla estará repleta de consejos para mantener relaciones sexuales entre las olas y enlaces a páginas de pornografía. Sin embargo, para muchas mujeres de países como Haití o Kenia, donde contar con un grifo en casa es un lujo que muy pocos pueden permitirse, estas palabras son sinónimos de abuso.

La real extensión de la llamada sextorsión, extorsión de sexo como soborno para obtener servicios de agua, aún se desconoce, ya que las víctimas tienden a guardar silencio por miedo a ser estigmatizadas o incluso ser acusadas de adulterio. Pero diversas expertas alertan de la importancia de ahondar en cómo la corrupción afecta de manera distinta a hombres y mujeres. Recolectar más datos sobre este fenómeno, explican, puede contribuir a acabar con la discriminación de género en el acceso al agua.

La sextorsión no se recoge en la convención internacional de 2003 sobre corrupción, ni es objeto de monitorización por parte de organismos internacionales. Ningún país recopila estadísticas oficiales en mérito. El informe Mujeres y corrupción en el sector del agua: teorías y experiencias desde Johannesburgo y Bogotá, publicado a finales de 2017 por el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo (SIWI) y presentado durante la última Semana Mundial del Agua, intenta arrojar algo de luz sobre el fenómeno.

El estudio empieza por desmentir el falso mito según el cual las mujeres son menos susceptibles a la corrupción. Al menos en los sistemas menos democráticos, donde cuentan con menos oportunidades para involucrarse en estas prácticas, ya que muy pocas veces sientan en puestos de poder. Ellas, además, se muestran más reluctantes porque saben que se enfrentan a mayores pérdidas en caso de ser descubiertas, argumentan las autoras. Las normas sociales y la discriminación sistemática hacia ellas hacen que tengan que responder a estándares más elevados que los hombres y, en consecuencia, los castigos son más severos. Algunas formas de corrupción, sin embargo, las afectan de manera despropositada.

En los países menos desarrollados, las mujeres son las principales responsables de garantizar el acceso al agua de la familia. Si no llega al hogar a través de tuberías, tienen que andar kilómetros hasta la fuente más cercana. Sobre ellas recaen también muchas otras tareas que necesitan agua, como limpiar, cocinar, cultivar. Esta presión las expone a prácticas de corrupción que van del pago de un soborno en dinero hasta la obligación a mantener relaciones sexuales. “Esta situación genera distintas expectativas y presiones en los hombres y en las mujeres y la sextorsión es el ejemplo más claro”, explica en Estocolmo Jenny Grönwall, experta de SIWI y una de las autoras del estudio.

Si no dispongo de dinero para sobornar a un trabajador del servicio de agua, abusará de mí sexualmente porque es lo único de valor que puedo ofrecerle

“La oportunidad de utilizar el propio atractivo sexual con el personal masculino del servicio de agua podría verse como un privilegio de las mujeres”, escriben las autoras del informe, Jenny Grönwall, Moa Cortobius, Pilar Avello y Maria Jacobson. “Pero no hay que equivocarse: en la sextorsión, el abuso sexual es una expresión de poder y una de las maneras en las que se hace mal uso de la autoridad para fines personales. Cuando las encuestadas dicen que flirtean con los funcionarios como una herramienta para convencerles de que no les corten el acceso al agua, hay un claro desequilibrio entre los dos, La participación de las mujeres en la sextorsión está motivada con la necesidad de asegurarse un bien básico”.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en Johannesburgo y Bogotá, como recoge el informe. Varias mujeres encuestadas en las capitales de Sudáfrica y de Colombia revelan haber sido objeto de violencia y amenazas por parte de trabajadores del sector del agua y también de conocer casos en los que se emplea el sexo para obtener servicios. Ninguna, sin embargo, admite haber participado en este tipo de intercambios. “Puede que las víctimas se resisten a hablar por miedo al estigma y por la escasa protección de sus derechos. Quizás por eso se refieren siempre a terceras personas”, sostiene Grönwall. “Esto dificulta la recolección de datos. Además, la estricta aplicación de las normas anticorrupción en algunos países podría convertir a estas mujeres en cómplices del delito por haber consentido el pago de un soborno”.

El sexo se emplea para otorgar licencias a suministradores informales, para autorizar la conexión de un hogar a la red, para falsificar la lectura del agua utilizada y reducir la factura. Las autoras leen entre las líneas de los testimonios recogido en terreno el sentimiento de impotencia de las mujeres frente a una autoridad de la que se dependen para satisfacer una necesidad básica como el suministro de agua. “Estamos afectadas por la corrupción no porque somos más débiles, sino por ser más vulnerables que los hombres”, cuenta una de las entrevistadas para el estudio en Johannesburgo. Le sigue otra mujer: “Si no dispongo de dinero para sobornar a un trabajador del servicio de agua, abusará de mí sexualmente porque es lo único de valor que puedo ofrecerle”. La situación no varía mucho de un continente a otro. “Para darles un poco de agua, el fontanero, perdona por decirlo así de claro, se folló a todas aquellas mujeres”, revela una encuestada en Bogotá.

La sextorsión afecta también a otros países de África Subsahariana, como demuestra este vídeo desde Kenia, realizado por la Red de la Sociedad Civil Africana para Agua y Saneamiento:

Ascender a más mujeres al mando de por sí no es suficiente para cambiar el entero sistema del país en el que la corrupción es la norma, explica Grönwall. “Quizás ponerlas en puestos de primera línea en el ámbito del agua podría ser útil para evitar sextorsión, pero no la corrupción. La tecnología también puede ayudar, si por ejemplo se usan instrumentos que automáticamente calculan la cantidad de agua utilizada, no hace falta que vaya físicamente un hombre a medirlo”.

“¿A quién hay que echar la culpa de que sea una práctica social aceptada? ¿Al Estado por no brindar el servicio, al patriarcado por generar este tipo de situaciones que se ven como normales y que todos aceptan?”, se pregunta Pilar Avello, una de las autoras del informe. “El auge del movimiento #Metoo es algo positivo y puede ayudar a llamar la atención sobre este problema. Tenemos que empezar a cambiar la narrativa y compartir más historias, no solo de las víctimas, sino también de mujeres fuertes que se están moviendo para contrarrestar esta práctica. El #Metoo ha sido muy potente en esto, pero ahora hay que seguir adelante y encontrar más ejemplos orientados a la acción”.

“Necesitamos muchos más datos para lograr que se escuche el mensaje, pero ya contamos con los suficientes para empezar a actuar”, agrega Grönwall. El próximo paso, explica, consiste en realizar otros estudios de campo en varios países, sin limitarse a las zonas urbanas y averiguar si la sextorsión está ocurriendo también en otros sectores como electricidad. “Es un trabajo a largo plazo, en el que es necesario romper los tabúes. También queremos presionar para que este tipo de corrupción se incluya en las convenciones internacionales contra la corrupción para estar seguros de que las personas al poder sean conscientes de que existe este problema. No solo hay sobornos y transacciones monetarias, sino que el cuerpo de las mujeres puede ser la moneda de intercambio”.

Fuente: elpaís

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