El museo del artista cataloga sus más de 6.600 fondos fotográficos y exhibe una selección de 70 instantáneas que repasan tanto su vida como su trabajo

cruset-kVvH--620x349@abcLa fotografía tuvo un gran protagonismo en la biografía y la carrera de Joaquín Sorolla. Al igual que todos los pintores de su época (es el caso de los impresionistas), se interesó por un medio revolucionario que le servía para observar los detalles que el ojo humano no puede percibir. Según su bisnieta Blanca Pons Sorolla, «siempre le interesó la fotografía», como demuestra la importante colección que atesoró y que se conserva en el Museo Sorolla. Más de 6.600 instantáneas de los más célebres fotógrafos: Clifford, Laurent, Franzen, Alfonso, Campúa… En 1983, el museo comenzó a ordenar este legado (positivos antiguos, placas de vidrio, rollos de celuloide…) y, a partir de 2001, se puso manos a la obra en su catalogación. En los últimos años, gracias a la ayuda económica de la Fundación Barrié, se ha culminado el proyecto. A finales de junio estará disponible en la web.

Una selección de esas imágenes (61 copias digitales y 13 de época), además de fondos de otros archivos, conforman la nueva exposición del Museo Sorolla, una especie de biografía sentimental y artística de Joaquín Sorolla. Su comisario, Publio López Mondéjar, historiador de la fotografía y académico de Bellas Artes, advierte que «en Sorolla, la mirada del pintor y la del fotógrafo fueron madurando a la par». De la fotografía, apreciaba el artista valenciano «su capacidad para captar la fugacidad del tiempo, su cualidad de testimonio y fuente de memoria».

Sorolla utilizó la fotografía como instrumento de documentación para algunas de sus pinturas. Es el caso de los paneles sobre las regiones de España, que hizo por encargo de Archer Milton Huntington para la Hispanic Society de Nueva York, cuyos tesoros pueden verse estos días en el Prado. Recurrió en ocasiones a antiguas instantáneas de Laurent o Clifford para plasmar los trajes tradicionales. Pero la huella fotográfica en su pintura se aprecia sobre todo en el encuadre, la composición y el tratamiento de la luz. Aunque lo que realmente le gustaba era pintar del natural, al aire libre, junto al mar en su amada Valencia o en los campos de Castilla, como queda constancia en algunas instantáneas de la muestra.

Antonio García Peris

soro5-kVvH-U203417629364elB-250x240@abcHay dos personas que influyeron especialmente en la mirada fotográfica de Sorolla. El primero, el fotógrafo valenciano Antonio García Peris (1841-1918), uno de los más reconocidos de la época. Cuenta López Mondéjar que fue el pintor Cecilio Pla, amigo y compañero del joven Sorolla, quien le llevó a su estudio en 1878. Necesitaba un ayudante y le contrató. Pero hizo mucho más: le acogió en su casa, le dio una pensión mensual, un lugar para trabajar… Fue su amigo y su mentor, le introdujo en los círculos artísticos de la época. Más tarde, también se convirtió en su suegro: se casó con su hija Clotilde.

Fotógrafo y pintor se apreciaban y admiraban recíprocamente. Antonio García le hizo numerosos retratos: pintando, en la intimidad familiar… Cuelgan ejemplos espléndidos en la exposición, como una serie de cuatro tomas en las que el pintor posa, desde distintos ángulos, en el estudio de García Peris, paleta en mano mientras fuma en pipa. En otras aparece con su esposa, Clotilde, y sus tres hijos: Elena, Joaquín y María. En una de ellas, de 1906, figura toda la familia alrededor de la mesa, ajenos a la cámara. En primer plano, Sorolla, sentado en una mecedora a punto de encender un puro. En otra instantánea mira atentamente a su hija María, mientras ésta pinta un cuadro sobre un caballete. Sorolla retrató a García Peris en 1908 en su laboratorio observando al trasluz una placa de vidrio. El cuadro forma parte de la colección de la Hispanic Society.

Christian Franzen

Christian Franzen (1864-1923), diplomático y fotógrafo de origen danés, se estableció en Madrid. Por su estudio de la calle Príncipe pasaron miembros de la realeza, la aristocracia y la burguesía. Como explica el comisario de la muestra, su lema publicitario era: «Rey de los fotógrafos, fotógrafo de reyes». Sorolla y él se conocieron en 1889 y pronto entablaron amistad. Incluso colaboraron en algunos proyectos. Franzen le hizo espléndidas fotografías trabajando en su estudio (en una de ellas, realizando el célebre «Retrato de Clotilde con vestido negro»). Le inmortalizó también en una tertulia de artistas en el estudio de Sorolla, mostrando su obra a un grupo de amigos…

Sorolla retrató a Franzen en 1903 junto a su cámara de trípode, apretando el obturador (con la mano izquierda se protege de la luz), mientras fotografía al artista. Para López Mondéjar, «un homenaje y celebración entre la pintura y la fotografía. Un prodigio de composición e iluminación, de delicadeza en la captación de la belleza y la verdad fotográfica». Pero hay más guiños a la fotografía en la exposición. Como el retrato que pintó en 1906 Sorolla de su hija María en la playa de Biarritz. Ésta tiene en sus manos una cámara Kodak de cajón. Es una de las tres pinturas de Sorolla que cuelgan en la muestra: las otras son dos autorretratos.

Christian Franzen

Christian Franzen (1864-1923), diplomático y fotógrafo de origen danés, se estableció en Madrid. Por su estudio de la calle Príncipe pasaron miembros de la realeza, la aristocracia y la burguesía. Como explica el comisario de la muestra, su lema publicitario era: «Rey de los fotógrafos, fotógrafo de reyes». Sorolla y él se conocieron en 1889 y pronto entablaron amistad. Incluso colaboraron en algunos proyectos. Franzen le hizo espléndidas fotografías trabajando en su estudio (en una de ellas, realizando el célebre «Retrato de Clotilde con vestido negro»). Le inmortalizó también en una tertulia de artistas en el estudio de Sorolla, mostrando su obra a un grupo de amigos…

Sorolla retrató a Franzen en 1903 junto a su cámara de trípode, apretando el obturador (con la mano izquierda se protege de la luz), mientras fotografía al artista. Para López Mondéjar, «un homenaje y celebración entre la pintura y la fotografía. Un prodigio de composición e iluminación, de delicadeza en la captación de la belleza y la verdad fotográfica». Pero hay más guiños a la fotografía en la exposición. Como el retrato que pintó en 1906 Sorolla de su hija María en la playa de Biarritz. Ésta tiene en sus manos una cámara Kodak de cajón. Es una de las tres pinturas de Sorolla que cuelgan en la muestra: las otras son dos autorretratos.

En 1909 la exposición de Sorolla en la Hispanic Society de Nueva York fue un éxito clamoroso. En apenas un mes fue visitada por más de 160.000 personas. Vendió 150 obras. Ello llevó a que los principales fotógrafos norteamericanos del momento quisieran que posara para ellos: George Harris & Marta Ewing, William M. Hollinger, Rober H., A. Cooper, Sebastián Cruset… En la mayoría de las instantáneas posa serio, viste muy elegante y mira a la cámara fija e incisivamente. Es muy fotogénico. Pero, lejos de mostrar arrogancia, López Mondéjar destaca su humildad. Firmado por Gertrude Käsebier, cuelga en la muestra su retrato más desconocido e inquietante: posa de perfil y luciendo gabardina.

En 1920 Sorolla sufre un ataque de hemiplejia. Dos años después, le vemos, ya con evidentes signos de su debilitada salud, en la boda de su hija Elena, inmortalizado por la cámara de Campúa. Pero fue el jerezano Diego González Ragel quien le retrató en su etapa final. Como en los matrimonios de toda la vida, ni siquiera la muerte le separó de la fotografía, que tanto amó. Joaquín Sorolla falleció el 10 de agosto de 1923. Alfonso le retrató de cuerpo presente y sus exequias fueron inmortalizadas por los principales fotógrafos.

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