Golden State jugará la cuarta final consecutiva con Cleveland tras ganar el séptimo duelo a los Rockets (92-101).

Stephen Curry y Kevin Durant recuperaron el genuino estilo patentado por Golden State durante el último lustro para llevar a su equipo a la victoria en el séptimo duelo de la final del Oeste (92-101) disputado en Houston.

Los Warriors sellaron de esta forma el billete para su cuarta final consecutiva ante los Cleveland Cavaliers de LeBron James. Nunca se habían dado más de dos finales seguidas entre los mismos equipos en la NBA, de manera que la rivalidad entre Golden State y Cleveland se establece como una saga que pasará a la posteridad.

En Houston, prevaleció de nuevo la pólvora y el estilo de juego directo y vertiginoso de los Warriors. Lo coronaron Kevin Durant con cinco triples, 34 puntos, cinco rebotes y cinco asistencias, y Stephen Curry con siete triples, 27 puntos, nueve rebotes, diez asistencias y cuatro robos de balón. Klay Thompson, coartado porque sumó tres faltas en los cuatro primeros minutos, añadió 19 puntos. Y Draymond Green, 10 puntos, 13 rebotes y cinco asistencias.

Los Rockets llegaron a dominar por 15 puntos: 48-33. Pero a partir de ahí, su eficacia ofensiva cayó en picado, especialmente en los triples. Llegaron a fallar 27 de manera consecutiva y acabaron con un horrible 7 de 44 (15,9%), fatal para sus aspiraciones. Los Warriors, por el contrario, sumaron un 16 de 39 (41%), un porcentaje que contrastó con su pobre bagaje en los tiros libres: 7 de 14 (50%), aunque en de los Rockets también dejó que desear: 13 de 22 (59%).

Los 32 puntos, seis rebotes, seis asistencias y cuatro robos de James Harden se quedaron cortos. La Barba falló 11 triples. Y Eric Gordon sumó 23 puntos, pero también falló nueve triples. Mucho peor le fue a Trevor Ariza que también falló los nueve triples que lanzó y se quedó en cero puntos.

Si se tiene en cuenta que Chris Paul no pudo jugar debido a la lesión que sufrió en el quinto partido de la serie y que entre los tres jugadores que salieron desde el banquillo solo sumaron tres puntos, se entiende mejor la superioridad de los Warriors. Los de Steve Kerr abrieron brecha a seis minutos y medio para la conclusión (76-89) y administraron la ventaja con apenas algún leve susto.

Kerr no dudó en ordenar un par de veces ‘hack-a-Capela’ (cometer falta sobre él de manera intencionada a sabiendas de sus malos porcentajes en los tiros libres) para acabar de cerrar el triunfo que da el pase a la final a los Warriors. Y eso que Capela jugo un buen partido, con 20 puntos y nueve rebotes, igual que JP Tucker, con 14 puntos y 12 rebotes.

La ventaja de cancha con la que partía Houston, tras haber completado la mejor fase regular de su historia con 65 triunfos, no le sirvió para obtener el pase a una final que no disputa desde que obtuvo su último anillo en 1995 con un equipo liderado por Hakeem Olajuwon. Y en la final de la conferencia Este todavía fue más intrascendente la ventaja de campo ya que Cleveland se encargó de hacerla inútil en las series ante Toronto y Boston.

La final de la NBA volverá a confrontar a los Warriors y a los Cavaliers. Los de Curry se impusieron en 2015 y 2017 y los de LeBron, en 2016. Ambos equipos tienen lesionados en este momento a dos jugadores importantes, Iguodala en los Warriors y Kevin Love en los Cavaliers. Es probable que ninguno de los dos pueda disputar el primer partido de la final que arranca en la madrugada del jueves al viernes (3.00, Movistar +) en Oakland.

Fuente: El País.

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