200415b2b6d9333medLondres, Inglaterra.- El año pasado la humanidad botó unas 41.8 millones de toneladas de electrodomésticos y chatarra electrónica, cuyo reciclaje supondría 52 mil millones de dólares, según un informe.
Los residuos contenían 300 toneladas de oro, equivalente al 11 por ciento de la producción global de este metal precioso en 2013, reza el documento de La Universidad de Naciones Unidas.
De acuerdo con el sitio web actualidad.rt.com, la mayor parte de los residuos electrónicos están en EU y China, un tercio del total.
Per cápita, son las naciones europeas las que están liderando, con Noruega a la cabeza: más de 28 kilogramos por persona. Los países africanos son los que producen menos desperdicios de este tipo.
El informe también hace hincapié en los residuos tóxicos: cuatro mil 400 toneladas de toxinas que agotan la capa de ozono y más de dos millones de toneladas de compuestos de plomo, que requieren tratamiento especial.
Solo una sexta parte de los residuos electrónicos es reciclada apropiadamente, señaló el informe.

e-waste y la Convención de Basilea

Toda esa comodidad, tranquilidad y desarrollo que representa la tecnología, tiene otra cara, y es toda la  basura electrónica (e-waste) que genera y que no es otra cosa más que las computadoras, teléfonos móviles y aparatos eléctricos y electrónicos que han sido vendidos, donados, relegados o simplemente pasados al desuso por parte de su propietario original.
Según el artíoculo “Los desechos tecnológicos una intoxicación silenciosa”, publicado en el sitio web www.asiap.org/ los equipos se pueden reciclar porque poseen metales preciosos, pero las actividades de reciclado deben realizarse con responsabilidad ya que junto con los metales preciosos se encuentran otros productos que son contaminantes, altamente tóxicos y cancerígenos.
La historia del e-waste  comienza en Suiza a través de la Convención de Basilea para el control de las basuras peligrosas, donde se realizó un acuerdo al que se suscribieron 170 países, aunque algunos no lo han firmado (Estados Unidos, Haití  y Afganistán entre otros).
El Convenio de Basilea, se firmó el 22 de marzo de 1989 y entró en vigor el 5 de mayo de 1992, se trata de un tratado internacional que fue diseñado para reducir los movimientos de residuos peligrosos entre las naciones, y en concreto para evitar la transferencia de residuos peligrosos de países desarrollados (ricos) a los países menos adelantados (pobres). Y también trata de reducir el volumen y la toxicidad de los residuos generados.

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