La instalación, cuya construcción comenzó en 2007 y duró casi diez años, tuvo un coste de 1.500 millones de euros, 700 millones de los cuales corresponden a fondos del BERD.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, acudió este miércoles a la «zona de exclusión» de Chernóbil para sellar la entrega a su país por parte del Banco de Reconstrucción y Desarrollo Europeo (BERD) del nuevo sarcófago construido sobre el reactor número 4, el que saltó por los aires el 26 de abril de 1986 y provocó el mayor accidente habido en la historia de la industria nuclear civil.

El recubrimiento fue ya instalado en noviembre de 2016 en sustitución del construido deprisa y corriendo tras la tragedia, pero ha sido ahora cuando Kiev ha adquirido el control total sobre esta vital infraestructura. «El nuevo arco protector entra en servicio y es entregado a Ucrania», escribió hoy en Facebook Antón Úsov, representante del BERD, entidad que ha financiado el proyecto.

Explotación turística

Con su presencia, Zelenski inauguró la nueva fase que se abre ahora con la gestión exclusivamente ucraniana de reactor. Declaró que «tenemos que convertir nuestro problema en una ventaja» y anunció que acaba de firmar un decreto levantando toda una serie de prohibiciones que hasta ahora han limitado los movimientos de los visitantes, hacer fotos por ejemplo en algunos sitios.

Según sus palabras, «tenemos que mostrar Chernóbil al mundo, a los científicos, ecólogos, historiadores y turistas». «Vamos a transformar la zona de exclusión en uno de los puntos de crecimiento de Ucrania mediante la creación de un pasillo verde», aseguró. En cuanto al nuevo sarcófago, Úsov señaló que «funcionará al menos durante cien años y permitirá resolver la tarea del desmantelamiento del recubrimiento original de hormigón sobre el reactor número cuatro», ya muy deteriorado.

«El reactor de Chernóbil ha sido aislado con éxito 30 años después de la catástrofe de 1986 como resultado de una hazaña sorprendente de ingeniería», anunció el BERD en noviembre de 2016, cuando fue levantado el enorme arco que recubre el fatídico reactor. Tiene 110 metros de alto, 150 de ancho, 256 de largo y pesa más de 30.000 toneladas.

«Esta es la estructura móvil más grande jamás construida por la humanidad», declaró el entonces presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, en la ceremonia que tuvo lugar en Chernóbil para celebrar la instalación del enorme recubrimiento. Según sus palabras, «un grupo de 28 países que apoyan a Ucrania reunió 1.417 millones de euros para construirla». Las obras comenzaron en 2007.

Terror por las fugas

El sarcófago viejo fue levantado precipitadamente en los días siguientes al accidente para detener la fuga radiactiva cuanto antes. Debido a que era imposible permanecer demasiado tiempo junto al magma atómico que quedó al descubierto tras la explosión, los operarios no pudieron dar a la construcción la solidez necesaria. Como consecuencia de ello, el recubrimiento, que debía haber durado 30 años, se deterioró antes de lo previsto. Su armazón presentaba ya numerosas grietas.

En su interior se acumulan 200 toneladas de material altamente radiactivo y existía el peligro de que pudieran producirse fugas. El agua de las lluvias amenazaba con penetrar en el interior del sarcófago y filtrarse bajo tierra hasta alcanzar corrientes subterráneas que transportan las sustancias radiactivas hasta el río Dnieper, cuyas aguas abastecen Kiev.

Como 500 bombas atómicas

La explosión que se produjo el 26 de abril de 1986 en el reactor 4 dejó escapar toneladas de isótopos de uranio, plutonio, cesio, estroncio, yodo y americio, algunos con una vida media de decenas de miles de años. Se tardó 10 días en taponar la fuga.

La superficie contaminada es actualmente de unos 150.000 kilómetros cuadrados, la mitad de Italia (en Ucrania, Bielorrusia y Rusia), y continuará en ese estado durante mucho tiempo. La cantidad de radiactividad liberada fue equivalente a 500 bombas atómicas como la de Hiroshima.

Se estableció un área de exclusión de un radio de 30 kilómetros alrededor de Chernóbil, en donde ahora no vive nadie salvo unos pocos ancianos. Esa «zona muerta» incluye la ciudad de Prípiats, completamente abandonada y en donde llegaron a vivir 50.000 personas. Allí residían los trabajadores de la central y hoy ofrece un aspecto fantasmal con sus calles y edificios invadidos por la vegetación.

Fuente: ABC

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