La diputada Lin Ching-yi apunta que aplicar esta medida desde las diez de la noche resolvería además los problemas de abastecimiento energético.

Taiwán tiene serios problemas de abastecimiento energético y también una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Y como suele ocurrir en los debates parlamentarios, siempre hay alguien dispuesto a ofrecer soluciones extremas. “Lo mejor sería limitar el uso de la electricidad a partir de las diez de la noche. Por un lado resolveríamos el problema de la energía y por otro el problema de la baja natalidad”. La congresista Lin Ching-yi así lo sugirió el pasado 2 de mayo durante una sesión de interpelaciones parlamentarias con el responsable de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, Lee Ying-yuan, quien, entre risas, dijo estar completamente de acuerdo.

Lin, ginecóloga y obstétrica de profesión antes de llegar a la política, dijo que cambiar el estilo de vida taiwanés ayudaría a la salud de los ciudadanos ya que al limitar el consumo de electricidad tendrían que irse del trabajo antes –Taiwán es el sexto país donde más se trabaja en relación con los países de la OCDE, según un estudio local–. Eso implicaría que al llegar a casa no podrían encender la televisión “donde ponen siempre las mismas películas, emitidas una y otra vez y es un gasto inútil”.

Las reacciones en redes a esta peculiar sugerencia han sido inmediatas entre la población de un país de clima subtropical en el que renunciar a la energía de noche significaría no poder conectar el aire acondicionado durante los seis o siete meses que dura el calor extremo. “Qué gran idea, Lin Ching-yi es sabia y brillante y los trabajadores nos sentimos abrumados. De ahora en adelante nunca tendremos que trabajar de más”, escribió alguien en el foro de Facebook donde se colgó el vídeo con el debate. “Es fantástico, solo ella podría haber tenido una idea tan ingeniosa, los demás estábamos atontados y ella nos despertó. El problema del calentamiento global ya está resuelto. Esto se merece muchos premios Nobel”.

Se trata de dos temas que preocupan mucho en Taiwán, un país (sin reconocimiento internacional) en el que la familia es un eje esencial y donde la tasa de natalidad fue de 8,3 por 1.000 habitantes en 2017 (en España, otro de los países del mundo donde menos niños nacen, fue de 8,8). No obstante, las causas tienen que ver, más que con la debilidad por las reposiciones televisivas, con la desigualdad que persiste entre hombres y mujeres.

Aunque según la ley taiwanesa las mujeres tienen derecho a la baja por maternidad y a reincorporarse al trabajo tras esta, muchas empresas no la cumplen. Solo el 55% de las mujeres regresa al trabajo y muchas deciden posponer ese momento hasta cinco años. Las guarderías públicas son escasas y los salarios demasiado bajos para poder pagar a alguien que cuide de los niños. Además, según la misma encuesta, la diferencia salarial entre hombres y mujeres se amplía a medida que avanzan los años: las mujeres de más de 40 años cobran de media un 23% menos que los hombres. Más allá de las leyes, los hombres apenas ayudan en las tareas del hogar, siguen ejerciendo de “reyes de la casa”, por lo que muchas mujeres prefieren renunciar a tener hijos antes de verse dedicadas en cuerpo y alma a ellos y a barrer y fregar la casa.

El tema energético es también un problema es urgente. El verano pasado, en plena ola de calor, media isla se quedó sin luz durante cinco horas, algo que no pilló por sorpresa al gobierno ya que la compañía nacional de electricidad, el monopolio Taipower, había avisado desde hacía tiempo que la demanda estaba llevando su red al límite. La economía del país depende en gran parte de la industria de componentes: el 60% de los semiconductores del planeta se producen aquí, en la empresa TSMC, por lo que aquel apagón desató muchas alarmas y provocó la dimisión del ministro de economía. Pero desde entonces nada ha cambiado.

La isla tiene tres centrales nucleares que la presidenta Tsai Ing-wen aspira a cerrar en 2025. Pero el cierre de un reactor el pasado abril volvió a poner en peligro la producción, y se temió que pudiera volver a repetirse un apagón. Taiwán depende en un 98% de la importación de combustibles fósiles, principalmente carbón, su infraestructura eléctrica es obsoleta y aunque la presidenta ya ha puesto en marcha un plan para conseguir que en 2025 el 20% de la energía provenga de fuentes renovables, aún hace falta adaptar la red eléctrica para ello.

Mientras tanto, la polución, sin llegar a los extremos de China continental, asedia a los taiwaneses, que difícilmente aceptarían renunciar a sus culebrones nocturnos y a su aire acondicionado para salvarse de males mayores o para ampliar la familia.

Fuente: El País.

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