Varios estudios han demostrado que este estado de agradecimiento reporta numerosos beneficios a nuestra salud física y psicológica, hasta tal punto que parece merecer la pena buscar esos pocos minutos al día en los que valorar lo que se tiene.

Cada día despertamos y nuestras vidas fluyen en una rutina más o menos organizada. En muchos casos, el día a día transcurre en una pura inercia, lleno de prisas, problemas y objetivos a muy corto plazo que cumplir. En definitiva, lejos de una valoración justa de lo que tenemos y una muestra sincera de gratitud.

Queda poco tiempo para pensar en sueños que tuvimos en el pasado y las obligaciones presentes nos apremian. Se desarrollan frustracionespor metas que se quieren conseguir y se resisten. Por horizontes que se quieren vivir o se quieren poseer. El deseo de mejorar nuestras vidas y las de las personas que nos rodean siempre habita en nosotros, a cambio no solemos poner demasiados aumentos cuando nos centramos en lo que ya hemos conseguido.

Queremos arañarle al día esas pocas horas que nos permitan hacer algo de ejercicio, quedar con unos amigos y disfrutar un rato de esa afición que nos hace sentir bien. Pero no le dedicamos mucho de nuestro tiempo al muy saludable ejercicio de valorar lo que somos.

Varios estudios han demostrado que este estado de agradecimiento reporta numerosos beneficios a nuestra salud física y psicológica, hasta tal punto que parece merecer la pena buscar esos pocos minutos al día en los que parar y reflexionar sobre ello.

Valorar lo que se tiene

En nuestra cultura, el agradecimiento es un término que se asocia muchas veces a la obligación, a veces incluso molesta, que se adquiere con alguien. Pero el agradecimiento es mucho más que eso. El agradecimiento es un estado mental que puede ejercitarse.

Agradecido a quienes nos han ayudado, incluso a los que nos complicaron la vida, porque generaron ese obstáculo que nos enseñó. Agradecido por los dones y por los defectos. Agradecidos por lo que tenemos y agradecidos también por lo que perdimos, y que nos dio la oportunidad de reconstruirnos en una mejor versión de nosotros mismos.

Veamos qué beneficios se obtienen de cultivar la gratitud y cómo podemos desarrollar esta actitud que la psicología positiva ha estudiado a fondo. Porque, sí, afortunadamente es una cualidad que se puede adquirir.

La gratitud y la ciencia

Estudios realizados por diferentes equipos de investigación en la Universidad de California y en el Centro de Investigación de Conciencia de la Atención Integral llegaron a conclusiones asombrosas con respecto al concepto de gratitud. El hecho de desarrollar este estado de consciencia y de sentir gratitud con frecuencia cambia literalmente la estructura molecular del cerebro.

Cuando nos sentimos agradecidos, activamos las zonas en el cerebro responsables de la cognición moral, los sentimientos y también el sistema de recompensa. Se activa la corteza prefrontal, involucrada en la planificación de comportamientos cognitivos complejos, en los procesos de toma de decisiones, en el comportamiento social y en la expresión de la personalidad. También se activa el córtex del cíngulo anterior, responsable de las emociones y la empatía. Aumenta también la actividad en la sustancia gris.

¿Cómo nos afecta?

Estos estudios, realizados con grupos de personas sometidos a varias pruebas de expresión de gratitud durante varias semanas, dieron resultados muy positivos. Esta activación cerebral de las zonas concretas a las que afecta la gratitud se reflejó en un aumento del bienestar de los participantes en varios niveles.

Los sujetos reportaron menos problemas de salud en general, se dieron escalas más bajas de ansiedad y depresión. Se constató también un aumento considerable de su productividad al sentirse más renovados gracias a una mejor calidad del sueño. En definitiva, parece que ejercitar la gratitud es una práctica que nos ayuda a sentirnos más saludables y más felices.

Algunas formas de cultivar la gratitud

Despierta cada día valorando lo que tienes. El reconocimiento es el punto de partida de la gratitud. Muchas veces, en una normalización de lo que tenemos, terminamos pensado que es un derecho. Esto sucede incluso cuando lo conseguido ha sido producto de nuestro esfuerzo.

En este sentido, lo que nos falta puede motivarnos, pero no sesgar la valoración que hacemos de nuestra vida. Hablamos de esa base, muy relacionada con el autconcepto desde la que nacen muchas de las emociones que experimentamos. Así, la gratitud es una de las madres más fértiles en cuanto a emociones positivas se refiere. De ahí la importancia de cuidarla.

Un buen ejercicio para estimular el agradecimiento puede ser escribir una carta o un mensaje a aquella persona que un día nos ayudó con algo, aunque haya pasado tiempo. Dedicar un momento a pensar dónde nos gustaría enfocar hoy la gratitud o escribir un diario donde anotar tres cosas por las que estar agradecido puede ayudarnos a valorar lo que tenemos. En definitiva, rutinas sencillas que nos pueden recordar lo que tenemos cuando lo que nos falta nos abruma.

Fuente. La Mente es Maravillosa.

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