Don José, jefe de cierta oficina es un ignorante. Fue puesto ahí por razones ajenas a sus pocas capacidades para guiar a su gente, pero el hecho es que ahí está. Para su fortuna, dentro del equipo hay un empleado que sin duda haría un impecable papel como jefe: Paco.

Este empleado saca a su jefe de cualquier atolladero. Es hábil en la toma de decisiones, realiza sus tareas en tiempo y forma, planea con inteligencia, ejecuta con diligencia y tiene buena relación con sus compañeros de trabajo. Es, en una palabra, todo lo que debería ser su jefe.

Es el caso que Don José, como tiene a Paco en su equipo, se ha llegado a creer que él es el inteligente, el hábil, el eficaz, y no su subordinado. Es como si el dueño de un auto creyera que puede repararle cualquier avería sólo porque hay un taller mecánico cerca de su casa. Una tontería, ¿verdad? Pues es lo que nos sucede en cuanto tomamos un “smartphone” y comenzamos a manejarlo: nos sentimos más inteligentes, cuando en verdad lo único que hacemos es buscar información en la red (no digo “encontrar”, que de eso se encarga el aparato).

Para aumentar nuestra alerta, meditemos en el hecho de que ya llegamos a confundir datos con razón, fórmulas con inteligencia, rapidez de pensamiento con ancho de banda. El nombre genérico “teléfonos inteligentes”, o “smartphones” -una clasificación con enorme poder de venta- , sólo nos aporta inteligencia en el nombre del aparato. Don José llegó a estar convencido de que los aciertos de Paco eran de él, y se sintió cada vez más inteligente. Les sucede lo mismo a una inmensa cantidad de usuarios de “teléfonos inteligentes”.

Scott Berinato, coeditor de la revista Harvard Business Review, entrevistó al investigador Mathew Fischer (“El internet te hace pensar que eres más listo de lo que eres”1). Cathleen O’Grady, en la misma línea, publicó un artículo el 3 de abril pasado (“El internet no te hace más listo; sólo tú crees que sí2”) en el portal Arstechnica. Ambas fuentes explican que, luego de usar motores de búsqueda para responder preguntas que se les plantearon a varios sujetos, sin usar la red sobreestimaron su capacidad para responder nuevas preguntas. A este auxilio digital ya se le llama “prótesis cognitiva”.

La dependencia del internet, de uso masivo a través de dispositivos móviles, tiene un impacto poblacional manifiesto en trastornos de efecto social: conversaciones que son interrumpidas por mensajes de texto, grupos que están reunidos sólo físicamente porque cada integrante está concentrado en su móvil, hasta llegar a un reclamo de la industria teatral de Nueva York: los actores se declaran frustrados porque, al estar representando una obra, la sala se llena de brillos de los celulares que miran absortos sus usuarios.

Otra manifestación, trágica ésta, del impacto que tienen los teléfonos “inteligentes”, fue la que tuvo lugar el pasado día 12 en la Clínica 7 del IMSS, en Monclova Coahuila. María de la Luz llegó a las 8:30 con dolores de parto; la pasaron al cuarto del hospital para practicarle la cesárea a las 10:30, pero el médico la atendió hasta las 15:30 –luego de haberla pasado a terapia intensiva, mientras el médico seguía hablando por teléfono. Madre e hijo murieron.3

Lo preocupante de estos hechos es que con el uso tan difundido del internet el usuario cada vez cree que piensa más, cuando en realidad sólo sabe buscar respuestas en la red; ya no sabe encontrarlas en su mente… aunque crea lo contrario. Cuando nos enfrentamos a una interrogante ya no buscamos en nuestra mente, sino en nuestro “Smartphone”. Y esto lleva a no cuestionar, a no buscar,… a no pensar. A la esclavitud mental, pues.

Esta semana se dio la semana de que se suman dos millones de mexicanos a las estadísticas de la pobreza alimentaria. ¿Cómo estarán las cifras de la pobreza intelectual?

Isaac Asimov, autor científico, predijo que la presencia de las máquinas (léase: smartphones) llegaría a ser tan extensa que la humanidad viviría en un estado de ocio casi permanente. Y cabe preguntarse: ¿Vamos rumbo a dejar de pensar?

Por Alfonso López Collada / SINEMBARGO.MX

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