¿Alguna vez ha pensado usted en acudir a las urnas para desquitar el coraje con su voto, o es usted de los que cree que el sufragio requiere tener una cabeza fría y calculadora?

Una de las frases que he escuchado en este proceso electoral es que el voto 2018 será un voto enojado. La idea se deriva de que la mayoría de los mexicanos está insatisfecha con la situación del país y molesta con el gobierno, con las instituciones, con los partidos y con los políticos. Bajo esta lógica, el 1 de julio sería la jornada de los enojados.

Pero, ¿qué opinan los mexicanos al respecto? ¿Piensan votar enojados? Para darnos una mejor idea y contar con una medición del voto del enojo, en la reciente encuesta nacional de EL FINANCIERO incluimos una pregunta al respecto: ¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con la frase “en las elecciones votaré manifestando mi enojo y molestia”?

El 34 por ciento de los entrevistados dijo estar de acuerdo, lo cual nos indica que el potencial voto enojado representa alrededor de un tercio del electorado total. En contraste, una mayoría de 55 por ciento de entrevistados estuvo en desacuerdo con la frase, por lo que no pueden ser catalogados como el voto del enojo. El 11 por ciento restante no tomó alguna postura, incluido un 4.0 por ciento que no contestó la pregunta.

Si miramos el perfil demográfico, la encuesta revela que el voto del enojo es ligeramente más alto entre los hombres (36 por ciento) que entre las mujeres (32 por ciento). Por edad, el segmento más propicio para el voto del enojo son los mexicanos que tienen entre 30 y 49 años (37 por ciento); les siguen los mayores de 50 años (36 por ciento), mientras que los menos dispuestos a votar por enojo son los menores de 30 años (27 por ciento). Según esto, los jóvenes se dirigen al 1 de julio con la cabeza más fría, con un menor deseo de votar enojados.

Si consideramos el nivel de escolaridad, imagino que usted pensaría que los más escolarizados son los que votarían más guiados por el enojo, dada su propensión a votar más por la oposición. Pero, no es el caso. Sorpresivamente, la encuesta revela que el voto del enojo representa 28 por ciento de los mexicanos con estudios universitarios, mientras que alcanza 35 por ciento entre los que tienen una escolaridad media y 36 por ciento entre los de escolaridad básica. Si la escolaridad refleja las experiencias económicas o de seguridad o de corrupción que cada segmento ha tenido, eso nos podría ayudar a ver por qué el mayor enojo en los segmentos de menores estudios.

Para entender un poco más acerca del voto enojado, la encuesta ofrece otra pregunta o reactivo sobre el tema: ¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con esta frase: “votar enojados va a ocasionar que se elija un mal presidente”?

El 51 por ciento de los consultados dijo estar de acuerdo, reflejando un punto de vista de que actuar con enojo puede no traer buenos resultados, mientras que el 39 por ciento estuvo en desacuerdo.

Las respuestas a estas preguntas reflejan un electorado cauto, quizás irritado, sí, pero no por ello dispuesto a actuar como resultado de esa irritación. Quizá por eso hay una proporción importante de indecisos y de electores que estarán expectantes a lo que suceda hasta el final en las campañas.

El voto del enojo es latente, pero en estos momentos su tamaño potencial es de un tercio del electorado. Por supuesto, las campañas mismas pueden hacer enojar aún más a los electores, o producir ciertos sentimientos que refuercen el enojo o, incluso, la apatía. Pero ese es un tema que abordaremos una vez que estemos formalmente en el periodo de campaña electoral.

Por lo pronto, quede este registro del potencial voto del enojo para ver si va cambiando el estado de ánimo en los meses siguientes.

Fuente: El Financiero.

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